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miércoles, 8 de mayo de 2013

Fin de secuestro


Día 365+56
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


La acciones de las personas son tan poco comprensivas, impulsivas e irracionales en muchas ocasiones que es difícil entender el por qué se llevan a cabo. Esta novela presenta claramente que el destino de nadie está marcado y que en muchas ocasiones las apariencias engañan, porque no siempre lo que creemos es lo correcto. Muestra sólo una parte de lo que es la realidad, cómo es que alguien puede sostener un plan hasta el punto querer destruir a quien se cruce en su camino; y cómo es que el dinero no puede hacer siempre todo porque hay personas que no se van por este fin, ni medio, sino por y para otros.


“Nunca se sabía lo que podía ocurrir. Había pasado tantas cosas que después no se habían hecho realidad… […](p. 348)


Recomiendo esta novela porque cumple con el objetivo de llevar a sus lectores a la trama, la intriga y el deseo de saber qué pasa con el secuestro, y aunque presenta algunos errores ortográficos, como el poner “subió arriba” (p. 82 y 134) o “más mayor” (p.325), esto no impide que sea de rápida y fácil lectura.
Lo único que podría decir que no es de mi agrado es el final, muy predecible, y más el que la protagonista termina siendo una mujer asediada, encantadora, para varios hombres, que aparecen a lo largo de la trama, siento que esto es falso al final. Espero se animen a leerlo y comentarlo. [1]


Día 365+56. Hola a todos. Esta noche cierro mis comentarios sobre este libro titulado Secuestro. ¿Qué si me gustó? Se los respondo en mi blog. Saludos.






martes, 7 de mayo de 2013

Sobre los amantes


Día 365+55
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


Siempre me he preguntado ¿qué gana un esposo o esposa al tener un amante? ¿Sentir la adrenalina por tener algo que es “ilegal”? ¿Algo así como estar en una montaña rusa, bajando a mil por hora? ¿O cayendo de un paracaídas desde un helicóptero? Tal vez una de las respuestas pudiera ser estas mismas preguntas. Otra es que uno desea sentirse eternamente atractivo, enamorado, alagado por varias personas; o el no querer sentirse limitado, atado, obligado a leyes o normas.


“Aquella noches su marido no se molestó en regresar a casa ni en llamar tan siquiera. […] Marielle se preguntó dónde estarían los amantes en aquellos momentos […] Era curioso lo poco que conocía a su marido. (p. 254)



He escuchado de parejas que mutuamente son infieles, hacen que tiene un matrimonio, pero en realidad sólo juegan a la casita y por fuera tiene cada quién a su respectivo amante. Pero también hay casos donde uno de los esposos lo ignora, está “ciego”, y es engañado.  Debo de aclarar que no me considero una persona que juzgo a la ligera, pero sí que estoy a favor de la verdad. Creo que si este juego de amantes es consciente, aunque no se platique, se vale en la relación; pero cuando se cree que podemos decir sobre la voluntad de los demás, eso me parece desleal y falso. Creo que es más sano el romper con una relación, a jugar con los sentimientos de los demás.



Ahora se me viene a la mente una frase muy usada: “Ojos que no ven, corazón que no siente” Pero ¿qué pasa cuándo se ve? O ¿No será que en esta frase ya se asume la infidelidad? Tema complejo de tratar. ¿Qué opinas?  [1]







lunes, 6 de mayo de 2013

Sentirse el patito feo


Día 365+54
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.



¿A qué se deberá que algunas personas siempre creen tener la culpa de todo? Pienso en alguien que cuando estaba con sus amigas, en el colegio, y alguien hace un berrinche, se siente culpable aunque que tenía la culta; o en una esposa que cuando llega el marido de malas se pregunta ¿qué le habré hecho?; o en el hijo que siempre, y ante todo, pide perdón hasta por cosas que no hizo. No se me ocurre otra respuesta que esto es por falta de autoestima.  



“-Tú no tienes la culpa de todo lo malo que ocurre en este mundo –dijo John en tono levemente hastiado- […]” (p.253) 




Estoy totalmente de acuerdo que algunas ocasiones sí somos culpables de lo que sucede, pero que cuando siempre nos echamos la culpa por todo es porque tenemos una baja autoestima, y cuando esto es al revés, o sea que nunca aceptamos nuestras culpas, entonces caemos en la arrogancia. Creo que los dos extremos muestras una falta de objetividad ante los hechos, y las personas. Poder romper con esta etiqueta, de “culpables”, requiere de formarnos como seres humanos fuertes, libres y conscientes, no pretendiendo ser perfectos ni imperfectos, sólo sinceros. En pocas palabras dejar de ser el patito feo en todo, y no refiriéndome a los físico.[1]






domingo, 5 de mayo de 2013

Ensimismada


Día 365+53
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


¿Te ha pasado que estas ensimismado? A todas las personas nos pasa que cuando estamos muy concentrados o metidos, en algo que puede ser una afición, como el football, con problemas en el trabajo, por ejemplo, o en algún pensamiento, perdemos comunicación con el mundo, por decirlo de alguna forma, con todo lo demás que nos rodea, por ejemplo, bien podría estar cayendo un meteorito y haber un colapso nervioso alrededor, y nosotros ni nos enteramos porque literalmente estamos “en la luna”. Todos los esfuerzos y pensamientos se concentran tanto en la cuestión del momento que hacemos una gran burbuja en donde sólo estamos con ello.



“[…] Estaba ensimismada en sus propios pensamientos y tenía demasiadas preguntas en la cabeza.” (p. 228)



¿Cómo salir de dicho ensimismamiento? El tratar de salir, tomar distancia de algo que nos preocupa, no quiere decir que nos ocupemos de ello; en ocasiones sólo le damos vuelta al asunto pero no lo superamos ni resolvemos. Creo que esto puede ser porque al estar dentro de la cuestión, perdemos la capacidad de tener un punto de vista imparcial; ahora que si tenemos a una persona, que puede ser de nuestra confianza o no, que nos muestren una posible salida, con esto podemos solucionarlo, claro está que siempre y cuando tengamos deseo de que sea así. ¿Esto ensimismamiento podría durar años? Pienso que sí. ¿Qué opinas?[1]







[1] La imagen fue tomada de http://sonetos.info/son/son418.php

sábado, 4 de mayo de 2013

Sentir deseo de… ¿protección?


Día 365+52
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.



Claro que he sentido la necesidad de proteger, o que me protejan. En especial cuando se está en un situación difícil de superar solo, queremos tener un apoyo, un bastón donde recargarse, alguien que nos aconseje, que nos apapache y nos aliente para seguir adelante. Pero, ¿qué tan común es que esta persona sea un total desconocido, que tal vez sólo lo hemos visto y platicado, unas pocas veces? Esto es lo que le pasa a uno de los personajes de esta novela, siente esta necesidad imperante.


“[…] Sólo quería estar con Marielle, cuidar de ella y protegerla como jamás nadie lo había hecho.” (p. 182)


¿Hasta qué punto podemos considerar un deseo así como normal?¿Y en qué momento lo calificamos como enfermizo?  Creo que la respuesta viene desde lo veamos. Si es un sentimiento compartido, o autorizado –por decirlo de alguna manera- por la otra persona, tal vez no hablemos de un problema sino de pasión; pero si alguno de los dos no aprueba este comportamiento, entonces hablamos seguramente de acoso, casi locura.[1]




viernes, 3 de mayo de 2013

Mujeres invisibles


Día 365+51
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


Pensaríamos que en pleno siglo XXI la discriminación contra las mujeres, que se puede ver por medio de la sumisión y violencia –no sólo física sino también verbal-, ejercida en muchos hogares nos parece un cuento de ficción difícil de creer, es impensable que esto pueda ser posible porque creemos, o nos han hecho pensarlo, que somos totalmente libres. No quiere decir que esto sea una mentira total, pero no es la realidad como tal. Así que la cita que a continuación leerán, de mi actual lectura, tal vez te suene, o recuerde de algún lado, sólo espero que no sea en carne propia.



“Todos los criados la despreciaban como si no existiera y no pintara nada, como si sólo trabajaran para su marido y no para ella.[…] Al parecer, Marielle no ejercía la menor autoridad sobre nadie, y mucho menos sobre su marido.[…]” (p. 154)



Esta novela se ubica en los años treinta, que gran distancia de tiempo con nosotros, pero gran similitud en el comportamiento y sentir de muchas mujeres en la actualidad. El no tener ni voz ni voto en la vida familiar, y seguramente tampoco en la personal, hace que cualquier persona pierde su autoestima ¿qué consecuencias puede llevarnos dicha sumisión?  Creo que de entrada al no tener gusto por la vida, a no tener un futuro y mucho menos un presente, a sentirse como objeto. Yo me he llegado a sentir así, pero lucho por no permitirme caer en ello y hacer de mi mundo algo mejor.[1]



jueves, 2 de mayo de 2013

La culpa en las mujeres ¿más?


Día 365+50
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


El personaje principal  de esta novela, que lleva por nombre Marielle, siente una gran culpa por el secuestro de su hijo, y por algunas otras cosas que le pasaron. ¿Te suena la historia? Afortunadamente no es necesario vivir el rapto de un hijo, que seamos librados de este mal, para saber lo que esto conlleva.


¿Por qué las mujeres sentimos culpa por lo que le pasan a los hijos? Creo que uno de los motivos es porque se tiene, mayormente, la creencia de que las mujeres, al ser las que los cuidan, tienen el deber de velar por ellos y hacerlos seres de bien. Pero dicha labor no siempre es fácil, porque un hijo conlleva mucha responsabilidad y mucha demanda que no siempre se puede llevar sin culpas. Pensamos en una situación común: se lleva al niño al parque, la madre se encuentra con una amiga, y en menos de un minuto el niño se cae del columpio. ¿Cómo se sentirá la madre? Y si a esto le agregamos que el padre le reclama, horas más tarde, que ¿por qué no lo cuidó? la cuestión se agrava.


“Marielle emitió un doloroso jadeo, pero no pudo decirle que estaba equivocado porque, a o mejor, era cierto. Seguramente, ella había tenido la culpa.” (p.143)



¿Qué significa sentir culpa[1]? Es un sentimiento que tenemos ante la responsabilidad por algo que pasó y que provoco un daño a alguien, o algo. Pero no siempre las culpas son particulares, a veces son compartidas. Tal vez esto no dependa si somos o no mujeres, sino de cómo es nuestro carácter, porque si tendemos a ser muy aprensivos con todo seguramente la culpa nos perseguirá, y si somos muy conchudos, nunca lo hará. Aunque la pregunta que estaría bueno hacer para saber es: ¿Quiénes sienten, tiene o no tienen más culpa sobre lo que le pasa a los hijos? ¿Hombre o mujeres? ¿Qué opinan?[2]





miércoles, 1 de mayo de 2013

Inicio de Secuestro


Día 365+49

Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


En esta ocasión estaré comentando un libro Danielle Steel[1], escritora de grandes Best-sellers –más de ochenta libros- en Estados Unidos, se le conoce por sus novelas románticas; ya en su biografía podemos encontrar toda una aventura al lado de sus nueves hijos y cinco matrimonios, así que no es de sorprender que domine muy bien este arte de contar con mucho tino, la novela que estaré comentando a partir de ahora,  que lleva como título Secuestro.



Curiosamente este libro trata sobre una madre que sufre por el secuestro de su único hijo; el personaje principal de la novela es, obviamente, la madre de este pequeño. Estoy segura que muchas madres se sentirían identificadas con las decisiones que la protagonista va llevando, por lo menos hasta donde voy, a lo largo de su vida, ya que en su juventud es arrastrada por un amor que yo calificaría de “ciego” por su primer esposo, que también es el posible secuestrador del hijo fruto de su segundo matrimonio. No puedo ni imaginar lo que una madre pueda sentir ante esta situación.



“[…] nada de todo aquello tenía la menor importancia en aquel momento. Ella sólo quería saber dónde estaba su hijo y quién se lo había llevado.” (p.99)




La forma en que la historia es contada, como poco a poco nos va presentando a los personajes, y como se va sabiendo sus historias, todo en relación a la madre, hacen de esta novela, por lo menos hasta el momento, sea de mi interés. Así que espero, porque lo imagino, que el final me sorprenderá. ¿Has leído algo de dicha autora?[2]