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miércoles, 28 de agosto de 2013

Las mujeres: ¿amigas? ¿imposible?

Día 365+168
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.






¿Por qué muchas mujeres dicen que no se llevan bien con otras mujeres? Seguramente has escuchado a algunas que lo afirman y que además aclaran que se llevan mejor con los hombres que con las de su mismo género. Yo trato de imaginar cuál es la cuestión que nos separa una de otras, y creo que mucho de lo que nos separa es aquello de lo que carecemos, y que al mismo tiempo no nos permite unirnos.



“[…] Las mujeres –salvo en ciertos congresos, que siguen siendo manifestaciones abstractas- no dicen “nosotras”; los hombres dicen “las mujeres” y éstas toman estas palabras para designarse as í mismas; pero no se sitúan auténticamente como Sujeto. […]" (p. 21)



Creo que mucho de lo que nos separa, es que no sabemos con exactitud, aún en estos tiempos –como en los cuarenta que es cuando se escribe este libro- qué lugar ocupamos en la sociedad, no poseemos una verdadera identidad. Al no tener una identidad como sujeto, difícilmente la tendremos como grupo.


Las mujeres nos atacamos unas a otras porque nuestra existencia no se basa en nosotras mismas, sino en lo hombres. Cuando digo en esto pienso en el típico ejemplo en donde una tiene relaciones sexuales con el marido de otras, la esposa dice: “se le ofreció” “es una buscona”, y ¿Dónde quedó la voluntad del hombre? ¿Acaso es un títere que no sabe controlar sus impulsos? ¿Por qué se ataca a la mujer y no al hombre mismo? Porque estamos acostumbradas a velar por ellos y no por nosotras mismos; porque entendemos más el mundo masculino que el propio; porque aún en estos tiempos a muchas se les educa para servir al hombre.[1]
                                                                 





domingo, 26 de mayo de 2013

¿Enamoradas?


Día 365+74
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Funke, Cornelia: Las gallinas Locas. El secreto de la felicidad. (Traducción del Alemán: María Alonso) Barcelona, Ediciones B, 2006.




Recuerdo la época de la primaria, cuando apenas empezaba a sentir interés real por los chicos, que seguramente también te llegó a pasar que el niño que te gustaba, y cada vez que te lo encontrabas, sentías como se ponían los cachetes rojos como un jitomate. En esa época en que, por desgracia, era casi seguro que no sólo a ti te gustaba ese niño, sino también a otras niñas, y todo estaría bien si no fuera porque esa niña era tu mejor amiga ¿verdad?


 “[…] Menos mal que a mi no me ha pasado nunca. Lo de enamorarme del mismo chico que mi mejor amiga,” (p.148)


Que tiempos aquellos de pura inocencia en donde claro que pasaban estas cosas, pero en el momento en que se descubrían, no pasaba de algunos días sin hablarse con la amiga y no durar más de una semana con el novio. [1]