Día 108
Comentando lo que me despierta la
lectura de:
Fuentes, Carlos: Las buenas conciencias. México,
Planeta DeAngostini (Colección Carlos Fuentes), 2002.
Fuentes, Carlos: Las buenas conciencias. México,
Planeta DeAngostini (Colección Carlos Fuentes), 2002.

“<<No
he tenido el valor. No he podido ser lo que quería. No he podido ser un
cristiano. No puedo quedarme solo con mi fracaso; no lo aguantaría; tengo que
apoyarme en algo. No tengo más apoyo que esto: mis tíos, la vida que me
prepararon, la vida que heredé de todos mis antepasados. Me someto al orden,
para no caer en la desesperación. Perdón, Ezequiel; perdón, Adelina; perdón,
Juan Manuel.>>” (p. 238)
Aunque suene
desgarrador, tenemos que pensar en el momento en que tengamos que hacer un acto
de conciencia, ¿queremos sentirnos fracasado, acabados, derrotados como nuestro
personaje anterior, por no ser lo que queríamos ser? O ¿aceptar nuestro
presente y situación, con dignidad y valor aunque no sea exactamente lo deseado
en nuestra juventud? La adolescencia nos hace creer que todo está a nuestro
alcance, y tal vez no deja de ser verdad, tenemos todo a nuestro alcance,
aunque no sea lo que los demás, la familia, espere de nosotros. [1]
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