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jueves, 16 de mayo de 2013

Damos lo que tenemos


Día 365+64
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Feranka, Paul: El  Vidente. México, Planeta (Serie de Oro), 1992.



¿Qué soy?¿Qué doy? No monetariamente sino sentimental y moralmente. ¿Doy amor u odio, alegría o tristeza, tranquilidad o desasosiego, etc.? Si damos lo que tenemos ¿entonces no podemos dar lo contrario?  Si lo tenemos entonces lo podemos otorgar, pero si no, ¿cómo hacerlo?. Pienso en especial en un hijo, son nuestro reflejo, porque si somos acelerados es lo que les damos como imagen y ellos, claro está que nos imitan.


“[…] Además… cada quien da lo que tiene. Unos, profundidad de pensamiento; otros calidad y afecto; tú… tu inmadurez y egoísmo […]” (p.64)


Yo desearía tener más para dar. Quiero ser más serena, menos nerviosa y acelerada. Sé que lo que diré suena como de alcohólicos, pero creo que la única forma de lograrlo es hacerlo consciente con el día a día, sólo por hoy. ¿Pero cómo lograrlo si suelo ser nerviosa? ¿Viendo y copiando a los tranquilos? Creo que podría ser un buen inicio. Así como los hijos imitan ¿por qué no hacer nosotros? Estoy segura que siempre habrá un modelo a seguir. ¿Conoces a uno que me recomiendes? [1]







lunes, 29 de octubre de 2012

Reina 3 el final


Día 229
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Gottschalk, Maren: Reinas (Cinco soberanas y sus biografías), México, FCE (A través del Espejo), Trad. Ofelia Arruti 2010, 2003.


}Cuando leí la siguiente cita, no sabía cómo acomodar  lo que pensaba al respecto, porque a la Reina Cristina le pasó lo que nos pasa a muchas personas, jóvenes y no tanto, y más hora en este tiempo de consumismo, en donde lo importante es tener las cosas de una forma rápida y sin esfuerzo:


“[…] Pero a Cristina el gobierno le resulta desagradable […] Ella quiere ser reina, pero no gobernar. Quiere hacer todo, pero no estar obligada a nada. […](p.117)


Imaginemos a alguien que desea poseer cosas materiales pero no quiere trabajar, sólo recibir, o como se diría popularmente, estirar la mano y que caiga del cielo. Siento que la reina Cristina deseo toda su vida ser alguien sabio, importante en un mundo de arte, pero tenía una carga política no deseada: ser la reina. Lo que deseaba era sólo el título pero no el compromiso que conlleva el serlo; pero ¿cómo iba a sentir ese compromiso y amor por gobernar si no es algo que eligió, sino que heredo, que le impusieron? Pensemos en nosotros, en los que nos rodean, en cualquier cosa que se quiere pero no se hace el más mínimo fuerza por tenerlo.


La reina Cristina renuncia  a su trono, pero se queda con su título, aunque al final de su vida se queda sin nada porque sus contemporáneos le dan la espalda.  [1]