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viernes, 7 de marzo de 2014

El drama de la ama de casa

Día 365+360
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.




Un ser humano ¿qué busca? ¿felicidad, estabilidad, cariño, hijos, aventuras? Tal vez todo, pero no es lo mismo que una persona tenga la posibilidad de buscar y procurarse todos estos aspectos, o sólo los que elija, a no poder hacerlo por factores exteriores a él o ella. Cuando digo esto pienso por ejemplo en el caso de las personas que viven en medio de una guerra, por más que desearan tener paz en sus hogares y ciudad es claro que no depende de ellos, por desgracias son víctimas de terceras personas. Ahora pensemos en el caso de un joven que tiene todo lo que necesario para vivir, tiene cubierta sus necesidades de comer, vestir y puede estudiar, es claro que puede procurarse algunos de los aspectos antes mencionados, es una elección. Pero, ¿qué pasa con una chica que viven en un sistema machista donde se le inculca que para lo que nació ella es para servir a su esposo e hijos?¿En qué situación está, como en la guerra o como el estudiante?



“[…] Pero lo que nace ingrata la suerte de la mujer-sirvienta es la división del trabajo que la consagra toda entera a lo general y a lo inesencial: el hábitat, el alimento, son útiles para la vida, pero no le confieren ningún sentido: los fines inmediatos del ama de casa no son más que medios, no verdaderos fines, y en ellos no se reflejan sino proyectos anónimos. […]” (p.419)



No podemos decir que la ama de casa está en una condición de guerra, pero tampoco lo está en una de total y absoluto poder de libertad de elección. Si se es una mujer educada en un ambiente de igualdad es claro que pensará que una mujer sumisa está ahí porque es lo que decide, pero no piensa que estas mujeres son educadas, programadas, manipuladas y orilladas por todos los medios, en la casa y su cultura, para servir y no para elegir. El drama del ama de casa, como dice la cita, es que por más que se esfuerce en sus actividades doméstica (lavar, planchar, hacer de comer, etc.) estás son solo medios para vivir, que se repiten indefinidamente, que no es lo mismo que el pensar en hacer una canción, un proyecto, una pintura, escultura o un libro, porque estos son fines, o sea que tiene un fin, que es trascender, comunicar, expresar. ¿Qué tan necesario es en la vida de una persona hacer cosas trascendentes? La mujer no es que no quiera hacerlo, es que está atapada en un círculo vicioso hogareño que no siempre se lo permite.[1]







[1] http://unaantropologaenlaluna.blogspot.mx/2012_11_01_archive.html

lunes, 21 de octubre de 2013

Esclavas de casa o del salón de belleza

Día 365+223
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





Hace pocos días platicaba con alguien sobre los llamados negocios Salones de belleza o Estéticas, decíamos que algunas mujeres han podido sostener a su familia con este trabajo porque es algo que sí deja, aunque creo que no ha todos se nos dan, porque todos necesitamos cortarnos el cabello (hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas) pero además porque las exigencias de  belleza para las mujeres, más desde que se incorporaron al campo laboral, ha ido en aumento, no con cortar el cabello sino que se pinta, se alacia, se riza, se depila casi todo el cuerpo, se hace arreglo de las uñas de las manos y de los pies, etc.



“[…] En Norteamérica, el trabajo doméstico se ha simplificado mediante ingeniosas técnicas; pero el aspecto y la elegancia que se exige a la mujer que trabaja le imponen una nueva servidumbre; y, además, sigue siendo responsable de la casa y de los hijos.[…]” (p. 132)



El tiempo que debe invertir una mujer en su “belleza” es mucho muy superior que al de los hombres, y aquellos que se esmeran en este aspecto, son considerados afeminados. Pero acaso esta exigencia visual ¿no es social? Definitivamente sí. ¿Por qué las mujeres tiene que cubrir sus arrugas, sus canas? ¿Será a caso porque se nos da un valor mayor por como nos vemos que por lo que somos? Claramente sí. Las mujeres pagan grandes cantidades de dinero, de tiempo y de sufrimiento por complacer a una sociedad. Y tú ¿eres esclava de la “belleza”? Por desgracias casi la mayoría, en mayor o menos medida, lo somos; y eso que lo digo tocándome en bigote. [1]