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lunes, 25 de noviembre de 2013

La castidad para autentificar al padre de un hijo

Día 365+258
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.




¿Por qué las mujeres debemos llegar y ser castas hasta el matrimonio? Hay una frase que mi abuela decía, y que seguramente la tuya también la dijo: hijos de mis hijas mis nietos serán, hijos de mis hijos quien sabe si serán. ¿Qué significa este dicho? Que cuando las hijas dan luz a un hij@ se tiene la seguridad que ella es la mañana, y es innegable si se le vió embarazada, la maternidad es legítima de entrada, pero en el caso de la paternidad es motivo de controversia, se puede poner el duda porque no hay ninguna evidencia que nos indique que en realidad el padre sea él y no otro. Así que cuando los hijos llegan a sacar un defecto idéntico al papá machista es casi seguro que el padre lo adora y reconoce desde el primero momento. Pero cuando esto no pasa, es común que se ponga en duda la paternidad.




“[…] La castidad le es impuesta por razones económicas y religiosas, pues cada ciudadano deber ser autentificado como hijo de su propio padre. […] (p.194)




De esta forma al saber un marido que su mujer no ha estado sexualmente con nadie más, que llegue virgen al matrimonio, “garantiza” que el hij@ procreado sea de él. Pero para que una mujer conserve su castidad intacta hasta el matrimonio tiene que ser bombardeada con una serie de prohibiciones que, regularmente, van unidas a culpas de parte de ella al creer que es inmoral, incorrecto, imperdonable, pecaminoso el acostarse con un hombre que no sea su marido y peor si se embaraza. De hecho es común que a los hijos en una situación así, donde el machismo impera, se les dice ilegítimos, porque no están nacidos dentro de un matrimonio y por lo tanto la paternidad de está en duda. Una virginidad conservada por miedo hasta el matrimonio no garantiza que dicha mujer sea o será plena a lo largo de su vida, así que creo que en una sociedad que se mueve por principios absurdos sólo lleva a la deslealtad y falses. ¿Qué opinas?[1]


















lunes, 4 de noviembre de 2013

Palabras de machista: Eres mía, tu virginidad de pertenece

Día 365+237
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.






¿Será que en este siglo XXI que una mujer sea virgen es menos importante para los hombres? ¿O es que nuestra cultura mexicana aún sigue estando empapada de machismo? ¿Qué se dice entre los jóvenes de secundaria y preparatoria sobre esto? Yo creo que los grandes cambios se dan no en un día o dos, ni en un año o tres, en ocasiones son generaciones enteras que tienen que trascurrir para que haya un cambio significativo en las ideologías porque los que fuimos jóvenes hace poco, como yo, ahora estamos educando a los más jóvenes, y dicha educación puede ser en contra de lo que, con conciencia, vivimos y nos pareció poco certero, o con absoluta y cegadora repetición de todo lo aprendido también por nuestros padres. Así que partiendo de esto puedo considerar que aún hay mucho machismo al respecto.



“[…] la virginidad de la mujer se exige de una manera más inmediata cuando el hombre considera a la esposa como su propiedad personal. […] la idea de posesión es siempre imposible  de realizar positivamente; en verdad, nunca se tiene nada ni a nadie; por tanto, uno intenta cumplirlo de un modo negativo; la manera más segura de afirmar que un bien es mío, consiste en impedirle a otro que lo use. […] nada parece al hombre más deseable que aquello que jamás ha pertenecido a ningún ser humano […](p.156)



El machista cree que todo le pertenece, que es todo poderoso y por ese hecho la mujer también es de su posesión, como si fuera un objeto y no un sujeto. He aquí el centro mismo de esta ideología que cree poder dominar todo, y como bien no lo dice nuestra autora, lo hace por medio de una forma negativa, como diríamos los mexicanos “agandallándose” de la chica (o chicas) que les gusta antes que los demás hombres, porque existe una lucha de machista contra machista, en ese círculo un machista no puede permitir que la mujer de él, que es de su propiedad, que la vio primero, pertenezca a alguien más; así que no importando de qué manera tienen que atrapar a su presa aún por medio de engaños, violencia, chantaje, etc. Y esto no quiere decir que atesore a sus mujeres, y menos en nuestra cultura que es “monogámica” sino que una vez que la posee en muchas ocasiones la abandona, pierde su encanto.


Así que mientras tanto niñas, jóvenes y adultas no entendamos esta forma de actuar y pensar del machista, y sigamos repitiendo el patrón en nuestros hijos y relaciones, seguiremos siendo presas del mismo.[1]








































domingo, 3 de noviembre de 2013

La sábana ensangrentada

Día 365+236
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





Los seres humanos tenemos diversos usos y costumbres, según nuestra cultura, con respecto a la sexualidad, en especial si hablamos del primer momento del acto sexual. Como ya lo había comentado en otras entradas, en algunas se considera a la virginidad algo valioso y en otros algo malicioso, y según sea el caso tanto en uno como en el otro, hay una serie de ritos para conservar o desflorar a la mujer. Este tipo de actos son parte de un cúmulo de costumbres que nos muestran lo que hay debajo de ellas, o sea las ideas que son lo que le dan sustento.
Pensemos en una cultura, como la mexicana, plagada de machismo, en donde los hombres son la máxima autoridad, en todos los aspectos, y lo que ellos dicen es lo que se debe de hacer. Las mujeres son para servirlos, para atenderlos, incluyendo al ámbito sexual.



“En virtud de un clásico viraje en el dominio de las cosas sagradas, la sangre virginal se convierte en símbolo propicio en las sociedades menos primitivas. Todavía hay en Francia aldeas donde, a la mañana siguiente de la boda, se exhiben ante padres y amigos la sábana ensangrentada. Es que en el régimen patriarcal, el hombre se ha convertido en amo de la mujer […]  (pp.155-156)



¿Te suena el ritual que anteriormente te presente, con la cita de este gran libro de Simone de Brauvoir? Seguramente sí porque era una práctica que también tenía lugar en México, y no sólo en Francia en los años sesenta, la cual no sé si actualmente se dé, pero estoy segura que ha sufrido cambios, pero que en el fondo hay algo de ella que aún sobrevive en las creencias e ideología de los jóvenes actuales.


Por ahora sólo quería presentar uno de tantos ritos que envuelve a la “primera vez”, como se le hace llamar al desfloramiento, de toda mujer (o casi toda mujer, porque hay algunas que son vírgenes hasta su muerte, tema del que hablaré más adelante). ¿Tú sabes de alguno otro que había o aún hay?[1]









sábado, 2 de noviembre de 2013

Todo por creencias es que la virginidad, o su ausencia, es importante

Día 365+235
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





Todo lo que está relacionado con la virginidad, el desfloramiento o no, tiene que ver con creencias míticas, o sea por mitos y los mitos “[…]  forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad, la cual los considera historias verdaderas.”[1]. Así que cuando se cree que es mejor que las mujeres lleguen vírgenes al matrimonio o no, es porque se cree que la santidad es importante, o si es por el contrario el no llegar vírgenes al matrimonio, como en algunos regiones se cree (como leeremos a continuación en la cita de abajo), es porque se le dan atribuciones malos al himen. Quiero recalcar la palabra “creer”, como habrás notado la menciono mucho antes, porque los mitos son creencias, creencias que se implantas como ciertas, como válidas y en muchas ocasiones como obligatorias de culturas en culturas.



“[…]En las sociedades más primitivas, en las cuales se exalta el poder de la mujer, es el temor el que sale vencedor; conviene que la mujer haya sido desflorada antes de la noche de bodas.[…] Pero los verdaderos motivos de la tan extendida costumbre de la desfloración son míticos.[…] por ejemplo, entre los indígenas descritos por Malinowski, el hecho de que los juegos sexuales sean autorizados desde la infancia determina que las muchachas no seas nunca vírgenes. A veces la madre, la hermana mayor o alguna matrona desfloran sistemáticamente a la niña y, a lo largo de toda su infancia ensanchar el orificio vaginal.[…]” (pp.154-155)




Me extendí en esta cita porque me pareció impactante, aquí sólo escribí uno de los ritos a los que han sido sometidas las niñas y mujeres (y seguramente siguen siendo sometidas muchas mujeres) con relación a la virginidad; y no es que crea que lo peor es este tipo de desfloramiento, hay peores, sino el también someter a una persona a la total negación de su sexualidad por no perder la virginidad ¿por qué?, porque creo que cuando una creencia es impuesta, obligada, manipulada para que se lleve a cabo, se trasgrede la voluntad de la mujer, se obliga a un acto pero no con motivos razonables, sino desde el miedo a no ser santa, a no ser pura, a no ser apta, a no ser aceptada, a, a , a. Este no ser algo es lo que me irrita, lo que me hace pensar que atrás de él hay una sin razón, por ejemplo ¿por qué en las mujeres es tan polémico este tema más que en los hombres? Porque al final un mito siempre explica, por medios que van más allá de la razón (apelan más a la imaginación) todo aquello que no puede ser explicado.


No con esto declaro que este ni a favor ni en contra de la virginidad, sólo a no hablar con razones de peso, como por ejemplo decir sobre los riesgos que conlleva el tener relaciones sexuales (enfermedades en especial y embarazos no deseados) y el no alistar a las chicas y chicos sobre posibles violadores que a base de mentiras y manipulación, los lleven a hacer algo que en realidad no era lo que ellos deseaban. ¿Tú crees que opinas al respecto? [2]