viernes, 27 de diciembre de 2013

Educar a las niñ@s para su sexualidad ¿por qué no siempre se da?

Día 365+290
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.




La educación sexual es uno de los temas que se les imparte a los niños desde aproximadamente el nivel escolar de primaria (según mi conocimiento). Esto porque todos los niños y niñas empiezan a tener una conciencia y curiosidad más real de sus genitales a partir de los cinco años, y en especial cuando se empiezan a relacionar con otros u otras y van descubriendo que hay diferencias en este aspecto. Pero las diferencias no se descubren a simple vista, porque es hasta finales de la primaria e inicios de la secundaria (entre los once y doce años) cuando las niñas empiezan a tener busto, así que por lo menos en una etapa inicial tanto niñas como niños son casi iguales.



“[…] Ninguna educación puede impedir que la niña tome conciencia de su cuerpo y sueñe con su destino; no se le pueden imponer estrictas inhibiciones que luego pesarán sobre toda su vida sexual. Lo deseable sería, por el contrario, que se le enseñe a aceptarse sin complacencia y sin vergüenza.” (p.267)



 Las niñas al ser las primeras en tener cambios físicos notables son a ellas precisamente a las que se les debería insistir más en una conciencia de su cuerpo, pero parece que en una educación machista es todo lo contrario, se  les llena de ideas falsas, de mitos, de miedos para que no sepan la realidad de su cuerpo y su sexualidad, para que no se tenga conciencia de lo que uno es. ¿Con qué fin? Cuando se vive en una sociedad donde las relaciones humanas se dan por medio de dominación de unos contra el otro, en el machismo es del hombre contra la mujer, es necesario que la víctima este ciega ante lo que es, merece y tiene.


La educación sexual es un derecho que tanto niñas como niños tienen y que los padres, no importando raza, color o religión tendríamos que impulsar, porque como bien dice la cita, más tarde que temprano es algo que no se puede ocultar, que se llega a tener conciencia, pero no creo que una sexualidad bien guiada sea igual a una que no.[1]