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martes, 11 de marzo de 2014

El macho ¿tiene algún tipo de presión social?

Día 365+364
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.




La carga social no sólo es para las mujeres, que son las que todavía en muchos hogares mexicanos llevan las riendas de ellas, su casa, hijos y mascotas pero desde el plano de la sumisión y poco reconocida su labor, sino también para los hombres que tiene un cumplir, cueste lo que cueste, el rol de macho dominante. ¿Qué pasa si el marido no cumple con sus funciones viriles, si tiene un problema de disfunción eréctil o como se diría muy coloquial y vulgarmente: no se le para?



“[…] un fracaso erótico rebaja para siempre al marido a la categoría de bruto: aborrecido en su carne, será despreciado en su espíritu […]” (p.432)



Hace algunos años conocí a una mujer casada, con de más de diez años de matrimonio, que sobajaba y denigraba a su esposo diciendo que no “servía” como hombre, no sé si en realidad tuviera un problema de erección, pero lo que sí me quedó claro es que a ella no la complacía. Ella cumplía con todas sus funciones de mujer ama de casa: le lavaba, planchaba, le hacía de comer, etc. Él también cumplía su rol: trabajaba, llevaba dinero a la casa, se le atendía. En teoría todo “funcionaba” como socialmente debería, pero en el plano sexual no era así. Cada que yo escuchaba que ella lo ponía en evidencia, él no desmentía en absoluta nada, yo sentía ese desprecio corporal y espiritual del cual se habla en la anterior cita. Ella no soportaba su aspecto corpulento, su actitud pasiva, ni siquiera su olor. Esa pareja no duró eternamente como los cuentos de hadas, sino que la separación fue inevitable porque él no cumplió con sus deberes de macho dominante. ¿Qué opinan de esta presión social que también sufren los hombres?[1]













[1] http://www.diabetesbienestarysalud.com/ojo-con-la-disfuncion-erectil/

jueves, 2 de enero de 2014

¿Por qué los machos usan la violencia?

Día 365+296
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





¿Cuántas personas no hemos presenciado alguna riña entre hombres?  Seguramente todos, con nuestros familiares, padres, tíos, primos, amigos, compañeros o simples civiles, y la mayoría de estas peleas son entre machos. Quiero nombrar a estos hombres violentos como machos porque este comportamiento apela a una ideología machista, donde el hombre es el centro de todo y todos, y con esta ideología van por la vida todos los machos dominantes, queriendo controlar, manejar y manipular a todo lo que lo rodea.



“[…] son numerosas las conductas masculinas que se alzan sobre un fondo de posible violencia: en cada esquina de la calle se inicia una pendencia; la mayor parte de las veces, aborta; pero al hombre le basta con experimentar en sus puños su voluntad de afirmación de sí mismo para sentirse confirmado en su soberanía. Contra toda afrenta, contra toda tentativa de reducirlo a objeto, el varón tiene el recurso de golpear, de exponerse a los golpes: no se deja trascender por otro, […]” (pp.271-272)



Así que el uso de la violencia por mucho macho, responde al no querer sentirse objetivado por otros, es una manera salvaje de imponer su soberanía. Los hombres usan la violencia, como ahora también muchas mujeres, por imposición, como una manera de sentirse poderoso, fuertes, únicos, pero lo que no vemos es que dentro de este actuar se encierra la egolatría, la envidia, el coraje y todos aquellos sentimientos que nos enceguecen, que nos encolerizan y hacen perder los estribos a tal grado que el violento cree tener la total y absoluta verdad en su actuar. La asertividad y empatía es nula en un macho violento. ¿Tú eres macho?  [1]






lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Qué piensas cuando oyes la palabra “hembra”?

Día 365+180
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.






Hay varias palabras con las cuales se les identifica, en el ámbito común y cotidiano,  a los hombres y a las mujeres. En el caso del primero como varones, machos, caballeros, etc.; y del segundo hembra, dama, femina, etc. ¿Crees que sea lo mismo decirle a alguien dama que hembra? ¿O que las manera y el ambiente harán que varíe el significado?



“[…] En boca del hombre, el epíteto de <<hembra>> suena como un insulto; sin embargo no se avergüenza de su animalidad; se enorgullece, por el contrario, si se le dice: <<¡Es un macho!>>. El término <<hembra>> es peyorativo, no porque enraíce a la mujer en la Naturaleza, sino porque la confina en su sexo. […]” (p. 35)



Creo que muchas ocasiones las palabras dicen más de nosotros, de nuestra cultura, nuestras ideologías, sentimientos y demás de lo que nos imaginamos. Aunque con el paso del tiempo las palabras que pueden sonar humillantes o denigrantes, con el uso que se les da pueden convertirse en los contrario.



Pienso en el caso de la palabra “hembra”, que es el de la cita, que ahora también se les da una connotación de mujer brava, salvaje. ¿Cuándo escuchas esta palabra, qué piensas, lo sientes como algo fuerte, rudo o agresivo? [1]