viernes, 12 de julio de 2013

Tu viajando y yo acá

Día 365+121
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.


A lo largo de nuestra vida son muchas las personas que conocemos. Si pensamos, por ejemplo, solamente en nuestra estancia académica y hacemos un esfuerzo de recodar a nuestros compañeros de la primaria, secundaria, preparatoria, nos daremos cuenta que son muchos y veremos, a lo largo del tiempo, que en muchas ocasiones nos sorprende lo que pasa con la vida de cada uno de estos cuando volvemos a saber de ellos, y más ahora con la ayuda de la tecnología, en donde podemos encontrarnos con personas que teníamos muchos años de no saber nada.



“[…] Siempre es raro pensar que alguien del mismo pueblo de uno ande tan lejos por el mundo. […]" (p. 25)



Si has sabido de algunos de los excompañeros que han viajado, viven o  vacacionan en el extranjero, tal vez te ha pasado lo que se comenta en la anterior cita.


A mí sí me ha pasado que sé de excompañeros en el extranjero, y me he sentido rara. Trataré de explicarlo. Creo que ha sido una serie de sentimientos que van desde la envidia, la admiración, la alegría y/o el temor; y creo que esto es acrecentado con el hecho de que yo nunca he salido de mi país. ¿Tú qué piensas o sientes cuando sabes que un conocido anda tan lejos del país donde nació?[1]















jueves, 11 de julio de 2013

Lento o rápido

Día 365+120
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Vivir en la ciudad es distinto a la provincia en muchos sentido, pero todos sabemos que en el que más lo es, es en el ritmo de la vida misma. Las horas pasan más lentas y esto hace que se sienta que hacemos más cosas, o el aburrimiento se hace presente. En cambio en la ciudad suele pasar todo lo contrario, corremos mucho y el movimiento excesivo nos atrapa también.


“[…] Tan lejos estaba yo de él y de todo lo que tuviera que ver con mi vida pasada y con la tristeza y la rutina lenta de mi pueblo que cuando uno meses más tarde vi en el vestíbulo de la pensión me contó unos segundos reconocerlo. […]" (p. 22)



No creo que vivir en la ciudad sea mejor que en la provincia, no viceversa, porque hay personas que se sienten bien, felices y conformes en un lado y para otra no será así. Pero lo que sí es verdad, es que viviendo en la ciudad uno suele estar con más distracciones, y puede ser más común tener momentos de distracción que nos llevan a olvidar a las personas y cosas importantes. [1]













miércoles, 10 de julio de 2013

Desnutrición

Día 365+119
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Recuerdo que cuando empecé la universidad, ya hace algunos años, el cambio de ritmo escolar me pegó de tal manera que empecé a sentirme rara, cansada, molesta, sin ganas de hacer nada y con mucha sed; todo el tiempo era igual, además de que mi carácter era más enojón que de costumbre y no lograba tener un sueño placentero.



“[…] Me olvidé de todo. La desnutrición acabó debilitándome la memoria no menos que las piernas […]" (p. 21)




Fue a ver al Dr. y después de hacerme una serie de preguntas sobre mi ritmo de vida y en especial sobre mi alimentación diaria, me dijo que todo lo que sentía era a consecuencia de la falta de alimento a sus horas, porque cuando uno está muy “ocupado”, y lo pongo entre comillas porque siempre nos podemos dar un tiempo para comer a nuestras horas y como debe de ser, creemos que esto no importa, pero a la larga es algo que afecta a nuestro cuerpo y nuestra mente al grado de la desnutrición. No debemos olvidar que somos seres naturales que tenemos necesidades básicas y una de ellas es comer.[1]












martes, 9 de julio de 2013

Sólo son cosas que impresionan

Día 365+118
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Analizando mi niñez he infancia, en el sentido económico familiar, para empezar claro está que no tenía un empleo formal, el cual me diera ingresos fijos, pero sí recuerdo que desde una temprana edad me ayudaron mis padres a tener algunos dulces que vendía en la primaria; ya más grande vendí zapatos, chácharas y ropa para tener algo de dinero. Mi familia nunca fue de darnos grandes lujos, en primera porque no se tenía el recurso necesario para hacerlo y en segundo porque no era lo mejor para nuestro desarrollo y educación.



[…] A los dieciocho años y en el estado de amarga necesidad en que yo me encontraba, cualquiera que tuviese una vida decente me parecía un potentado: incluso los compañeros de pensión que disfrutaban de un cuarto individual ya les atribuía desmedidos privilegios sociales. […]" (p. 18)



No puedo decir que me identifico fielmente con la anterior cita, pero sí puedo decir que en algún momento de mi vida, sentía que alguien al tener una tarjeta de crédito, un carro o cierta ropa,  eran "ricos", me engañaban las apariencias. Ahora entiendo que las cosas son cosas y que la cantidad que se poseen no indica realmente la posición económica, mucho menos humana, y siento que he comprendido que esto tampoco marca la diferencia entre la felicidad y la tristeza porque hay quienes asombran con lo que tienen y quienes se dan a querer por lo que son.[1]











lunes, 8 de julio de 2013

Sólo son ideas

Día 365+117
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Cuando estamos sumergidos en las actividades diarias, vamos haciéndonos una lista mental de todas aquellas cosas que quisiéramos hacer, como ir al cine, teatro, a comprar algo, visitar a un viejo amigo o un familiar lejano que tiene mucho que no se visita; por desgracia estas ideas se quedan en sólo eso, y no se llevan a cabo ya sea porque no se puede salir de  la rutina diaria que es absorbente, o no nos damos un tiempo, que creemos no tener pero que bien valdría la pena llevarlo a cabo.



[...] Yo siempre diciéndole a mi mujer, <<tengo que llevarte a Madrid, a que conozcas a Ataúlfo>>, y se van dejando las cosas de un año para otro, se va cargando uno de tareas y de hijos y de pronto se entera de que la visita que postergo tantas veces ya ha sido definitivamente cancelada.[…]  (p. 17)



Tenemos la mala costumbre de dejar las cosas a la mitad o definitivamente no empezarlas. Somos expertos en dejar todo para el futuro, que nunca llega, una larga espera que se traduce en un eterno mañana. Si estas ideas que no vuelven realidad, pueden convertirse en nuestras enemigas porque al ser ideas deseadas, se transforman en frustraciones. No soy experta en el tema, ni sicóloga, sólo hablo desde mi experiencia. ¿Tú qué opinas? [1]










domingo, 7 de julio de 2013

La flor de la vida

Día 365+116
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Bebé el inicio, niño los primero pasos, adolescente descubriendo, adulto el comienzo, anciano la madurez. Sé que esto es lo que se supone debería de ser, pero el realidad las cosas no siempre son como se cree, porque hay adultos que se comportan como niño y niños como adultos. Así que la manera en que nos vemos no es exactamente como nos sentimos.



“[…] murió hace siete y ocho años, recién cumplidos los sesenta,  en la flor de la vida.[…]” (p.17)



¿Qué significa estar en la flor de la vida? Entiendo que es en el momento en que mejor se está, cuando se tiene la madurez y bienestar necesarios para disfrutar de la vida y el ahora. Pero por desgracia, como lo dije antes, esto no es como se pensaba, en ocasiones este momento dura poco. Creo que lo importante es pensar que no importa nuestra edad, o nuestras condición física, siempre poder sentir que es nuestro momento, nuestra mejor etapa y tratar de disfrutarla.  [1]










sábado, 6 de julio de 2013

Guárdarme un secreto

Día 365+115
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Todas las personas tenemos secretos que no compartimos, o casi nunca comentamos con otras personas, ¿por qué? Porque un secreto es “[…] Lo que cuidadosamente se tiene reservado y oculto.[…]”[1] y si lo llegamos a confiar a alguien es con la idea de ser escuchados, pero nunca juzgados o más bien, nunca revelar dicho secreto.


“[…] Ya entonces, a los dieciocho años, padecía yo una debilidad de carácter que me ha perjudicado siempre mucho, más es mi respeto hacia mi mismo que para , y que consistía, y consiste, en que no soy capaz de guardar un secreto, aunque me jacto de ser un hombre reservado y poco amigo de confidencias personales. […]” (p.15)



Cuando una persona tiene esta debilidad de no poder guardar nada de secretos, por desgracia llega un momento donde ya no es de confiar, porque algo que no debería de haber dicho lo termina “despepitando”.
Pero ¿qué es lo que empuja a alguien a ser así? Siento que para empezar se tiene que ser chismoso, no discreto, para poder tomarse este tipo de atribuciones; igual y exagero y la culpa no es de quien lo repite, sino del que lo cuenta, porque si un secreto es tan importante al punto que de nadie debería enterarse, entonces no se debería confiar por ninguna circunstancia. ¿Tú me contarías un secreto? [2]









viernes, 5 de julio de 2013

Porque los cambios no son inmediatos

Día 365+114
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.




Cuando hay algo que no nos gusta, en un trabajo, en casa o a nivel nación, nos quejamos esperando que con esto podamos gozar de alguna mejoría al respecto. Pensemos, por ejemplo, como el caso que se presenta en mi actual lectura, en donde toda una nación está oprimida por su gobierna, a tal punto que sus habitantes hacen todo lo que está a su alcance para que esto cambie, aunque tengan que pagar con su propia vida.


“[…] Tampoco para los portugueses cambió el mundo tanto como ellos creían, y como creíamos fervorosamente nosotros con ellos, a través de ellos, […]” (p.14)



Así que lo que se esperaría, en toda nación que vive en estas condiciones, es que en el momento en que el nefasto sistema gubernamental muera, se den de inmediato cambios importantes y visibles, en especial la liberación.
Por desgracia esto no es así porque todo cambio lleva su tiempo, no es de forma instantánea, se necesita en ocasiones décadas para que esto ocurra. [1]











jueves, 4 de julio de 2013

¿Con qué frecuencia nos bañamos?

Día 365+113
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Hablar de ecología es hablar del cuidado del agua, como de muchas otras cosas, y en estos tiempo aún más. Si vives en una zona donde la escasez de la misma es palpable, me darás la razón. Pero esto también tiene mucho que ver con la posición económica, porque no es lo mismo habitar en una casa que no cuanta con cisterna que una en donde no; o vivir en el campo donde en ocasiones no hay sistemas para trasladar el agua a todas la zonas, que en una ciudad donde tiene todas las facilidades para su llegada, aunque esto no quiere decir que en verdad llegue. Valla, ya sea un caso u otro no podemos negar que el agua sí se está acabando.



“[…] que consideraba ese gasto diario tan inexplicable como el capricho de pagarme una ducha en la pensión dos veces por semana, y no una cada quince días, que era su norma higiénica. […]” (p.10)



Es curioso que en México de nuestro tiempo, a diferencia de este personaje que vive en España de los 60´s –y tal vez en la actualidad es algunos otros lugares- hagamos mal uso del agua, en especial al bañarnos, aunque sí me parece un poco exagerado que sea cada quince días también. Sé de personas que no pueden dejar de bañarse diario, y que estos son de una duración mayor a una hora. Yo creo que el problema no es el baño, sino la duración y la frecuencia en que se hacen. Yo confieso que no lo hago diario, sino cada tercer día. ¿Y tú? [1]
















[1] La imagen fue tomada de http://albanisguerrera.blogspot.mx/

miércoles, 3 de julio de 2013

Gastando por una afición, por vicio

Día 365+112
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.




¿Te ha llegado a pasar que por comprar algo, que te gusta mucho o te aficiona, has dejado de lado algo básico? Yo creo que todos en algún momento nos apretamos la cartera para poder alcanzar algún gusto, pero cuando el deseo es mayor, podemos llegar aún más lejos, como no comprar comida.


“Podía pasarme semanas sin comer un plato caliente, o caminar kilómetros para ahorrarme las dos pesetas de un billete de metro, pero a lo que no renunciaba nunca era a comprarme un periódico de la mañana y otro de la tarde […]” (p.10)


Pero creo que hay de cosas a cosas que se compran. Puedo entender al personaje de este libro que ahora leo, porque al vivir en una España Franquista y ser un aspirante a periodista, para él es un prioridad comprar el periódico. Pero una cosa es una ilusión, afición, o deseo de tal magnitud que lleve a este tipo de sacrificios, y otra muy distinta a alguien que tiene un vicio como el alcohol, las drogas o el tabaco que gastan grandes cantidades de dinero en ello, pero que a la larga no les dejará nada positivo a su salud. ¿Qué opinas? [1]










martes, 2 de julio de 2013

¿Cambio de gobierno = a violencia?

Día 365+111
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Hemos escuchado, en estos días, sobre el segundo golpe de Estado en Egipto; hace algunos años sobre la invasión de Irak por los Estados Unidos; en nuestras clases de primaria y secundaria sobre nuestra Revolución Mexicana; y algunos otros eventos de este tipo en donde se dan cambios fuertes en la estructura gubernamental de las naciones. Pero tal vez pienses lo mismo que yo: que todos estos son por medio de la violencia.  


“[…] igual que se había derrumbado la monarquía de Alfonso XIII en otro abril de casi medio siglo antes, sin muertos, sin turbulencias ni desastres, en medio de una celebración orgullosa y unánime.” (p.10)


Pero cuando leí esta parte de mi actual libro, me llamó mucho la atención que este cambio en España, la caída de la monarquía de Alfonso XIII, no fuera llevada de la misma forma de la que yo creía que siempre era. ¿Esto quiere decir que entonces puede haber cambios estructurales de gobierno en un país si necesidad de una guerra? Al momento de leer un poco más sobre el tema[1], pude notar que sí hubo violencia en este cambio del gobierno monárquico a la democracia, pero en una escala menor, y  que la pacífica retirada el país de Alfonso XIII fue más por resguardar su vida que por el deseo de evitar una guerra. Si saben de este tema, espero que puedan hacerme salir de algo que haya escrito erróneamente, para poder seguir con esta agradable lectura.[2]






lunes, 1 de julio de 2013

¿Qué es el fascismo?

Día 365+110
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.




Me detengo una vez más a dar la definición de una palabra: fascismo. Seguramente has escuchado esta palabra, como a mí me ha pasado, en manifestaciones masivas, como en marchas o protestas de estudiantes o vecinos; y casi siempre se oye gritar a  alguien “gobierno fascista”. ¿Pero qué significa?



“[…] nos recordaban que para los militares fascistas adiestrados y protegidos por el Departamento de Estado no existía el menor escrúpulo de tibieza o piedad […]” (p.10)



Al darme la tarea en encontrar una definición, en encontré con múltiples definiciones que nos aportan mucho datos históricos, pero encontré una que me hizo ver claramente qué significa, espero que también a ustedes, la cual dice que “El fascismo es una ideología basada en la razón del Estado y la fidelidad total al jede de la nación. […] está basado en la violencia y la intolerancia a la oposición, la pluralidad y la crítica. […]”[1] Con esta definición me queda claro que todo aquello que sea diferente a lo que el gobierno marque, en especial el líder, es censurado, liquidado, sacado.[2]