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jueves, 5 de diciembre de 2013

Las niñas lo hacen sentadas

Día 365+268
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





El papel que juegan los genitales masculinos en una sociedad donde el machismo impera es de suma importancia, porque el pene simboliza al macho, al varón, al poderoso, al fuerte, porque el pene es evidente, no se puede ocultar. Pero ¿qué papel juega los genitales en las mujeres y cómo influye esto en la postura para ir al baño? En el caso de las mujeres es en relación inversa al de los hombres porque al estar ocultos los genitales se les trata como tal, como algo que se debe de guardar, que no se debe mostrar, ni tocar. La mayoría de las mujeres tenemos problemas en los primeros años en que somos conscientes de ellos, porque llegamos a sentir vergüenza en la intimidad para tocarlos al bañarnos. Todo esto apela a la ideología que rodea a las mujeres de que debemos ser sumisas, temerosas, delicadas, puras, castas y vírgenes.



“La suerte de la niña es muy diferente. Madres y nodrizas no tienen para sus partes genitales reverencia ni ternura; no llaman su atención sobre ese órgano secreto, del que solamente se ve la envoltura y no se deja empuñar. […] en las sociedades occidentales contemporáneas, las costumbres quieren generalmente que las mujeres se pongan en cuclillas, en tanto que la postura de pie está reservada para los hombres.” (pp. 212-213)




Yo no conozco a ninguna mamá que le nombre de alguna forma cariñosa, especial, a la vagina de su hija, porque es una parte de la que no se debe hablar, no se debe tocar por estar oculta. De aquí nace que las niñas deben sentarse para orinar, no lo pueden hacer paradas, porque debe estar oculto también al momento de hacerlo. ¿No se puede o no se quiere? No se quiere; hace algún tiempo vi de una herramienta que alguien inventó para que las mujeres pudieran hacer paradas, es algo así como un embudo; llegué a preguntar a algunas personas si lo usaría y no les agradaba mucho la idea ¿por qué? Seguramente porque no se visualizan haciéndolo así, porque se sentirían varones. ¿Qué piensas al respecto? [1]













miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Cómo debe orinar mi hijo que es bien macho?

Día 365+267
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





Tanto niñas como niños cuando nacemos lo hacemos igual; en los primero meses de vida no importa la posición en que se encuentre el menos, porque al no tener control sobre sus órganos genitales, no puede más que soltar la secreción. Pero a partir aproximadamente del año y medio, que es cuando a varios niños se les empieza a enseñar a ir al baño, la cosa es diferente, ¿tendría que ser diferente? ¿Por qué causa este tema tanta polémica? ¿Qué se les tiene que enseñar?


“[…] Un padre me contaba que uno de sus hijos, a la edad de tres años, todavía orinaba sentado;[…] un día su padre lo llevó consigo al cuarto de aseo u le dijo: <<Voy a enseñarte cómo lo hacen los hombres>>. A partir de entonces, el niño, orgulloso por orinar de pie, despreció a las niñas […] su desdén provenía originalmente, no del hecho de que a ellas les faltase un órgano, sino porque no habían sido distinguidas e iniciadas por el padre.” (p.211)


Seguramente, como a mi llegó a pasar, muchas madres sienten culpa, o miedo, al sentar a sus hijos en la taza de baño, como lo hacen ellas, para que orinen porque se cree que con esto se feminizan. Como bien dice la cita, la cuestión de cómo “deben” orinar los niños tiene que ver más con una identificación con el padre, y si es un padre machista  no sólo con la identificación, sino con la aprobación y dedicación de ese padre que es muy ausente y estricto.


Yo estoy en este momento viviendo esta etapa con mi hijo, y con toda la tranquilidad de saber que esto de que orine parado apela más a una exigencia de rol, le enseño tanto sentado como parado, sin preocuparme por el qué dirán.[1]












miércoles, 17 de julio de 2013

¡Por favor, no salpiques la taza!

Día 365+126
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Muñoz Molina, Antonio: El dueño del Secreto. España,
Espasa Calpe, 1999.



Como me gustaría vivir en la época de las cavernas donde el hacer nuestras necesidades fisiológicas, orinar y defecar, no creo que fuera un problema porque el campo, la vegetación, el medio ambiente al estar libre de construcciones y lugares especiales para hacerlo, era una liberación y no un gran tabú. Así que tal vez te parezca esta una entrada muy escatológica pero de gran verdad: los seres humanos sufrimos al surrar. ¿No te parece?


“[…] Cuando salí del baño, transido de calma y felicidad, y no sin haber tirado de la cadena y limpiado con papel higiénico los bordes de la taza (ese fue uno de los consejos de mi madre antes de que me fuera a Madrid) […]" (p. 40)




Si eres mujer me darás la razón que uno de los grandes sufrimientos, de todas nosotras, es entrar a un baño, bajarnos los pantalones, o subirnos la falda, sentarnos en la taza  y sentir esa desagradable humedad sobre nuestras pompas o piernas, provocado en su mayoría por hombres –aunque también hay mujeres que también lo hacen, que al orinar salpican todo-. Por eso pido a todas las madres que les den a sus hijos el consejo de la anterior cita, y a los adultos educación y conciencia ante los otros, porque no vivimos sólo y todos tenemos necesidades, en especial las mujeres al sentarnos.[1]