miércoles, 27 de febrero de 2013

Uniones libres


Día 351
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Saramago, José: El hombre Duplicado, (Trad. Pilar del Río)
Madrid, Santillana ediciones (Punto de lectura), 2007.



Ante la libertad de otros, es muy delicado y espinoso lo que se desee prohibir. Es muy dicho que la libertad de uno termina en donde empieza la de otros. Y también es muy comentado que las decisiones y acciones de los otros son respetables mientras no afecten la de los demás. Pero si pensamos detenidamente esto, podremos darnos cuenta que no es tan fácil decir estas cosas porque ¿quién o quiénes son los que deciden cuál es el límite de las acciones? Quien decide dichos límites ¿por qué está motivado o influenciado para tomar dichas decisiones? Y ¿Estos  límites son justos para todos?


“[…] Por lo que respecta al primer ramal de reflexiones, no tuvo Tertuliano Máximo Afonso más remedio que reconocer que todo ser humano, salvo insalvables y privados impedimentos morales, tiene derecho a unirse con quien quiera, donde quiera y como quiera, siempre que la otra persona interesada quiera lo mismo. […]” (p.207)


Así que por muy a disgusto que pueda estar alguien porque personas del mismo sexo sean parejas, o mujeres muy jóvenes con jóvenes (por poner algunos ejemplos) puede que se casen o no, no se puede negar que esta es decisión, como dicen en la cita, de quién decide con quién estar en total y absoluto acuerdo.


Por más que algunos quieran imponer sus creencias morales a los demás, que no quiere decir que sean incorrectas o correctas –todo depende de la perspectiva y el modo de aplicación- no debe olvidarse que ante la privacidad de los otros no se puede mandar, siempre y cuando estén de acuerdo los involucrados. Este tema es complicado de tratar porque no faltará quien diga que soy muy liviana ante dichas afirmaciones. ¿Qué piensas al respecto? [1]











[1] La imagen fue tomada de http://soyroche.wordpress.com/page/2/