lunes, 2 de diciembre de 2013

Las heridas de una hija hembra al no expresar sus sentimientos en una familia machista

Día 365+265
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





Como lo dije en la anterior cita, parecería que en la actualidad casi no hay rastro del machismo que se venía manejando en las familias hace algunas décadas, pero la realidad es que hay más aún de lo deseado. Esto lo podemos notar en las propias familias, en la calle, en los trabajos, en los comentarios y preceptos morales que aún se manejan. Por ejemplo, aún es común oír a personas que no quieren que sus hijos varones jueguen con muñecas porque se volverán gays, o las hijas que no anden en bicicleta porque perderán la virginidad. Y otro comentario, que es menos machista pero aún tiene tintes, es que las hijas son más cariñosas que los hijos, ¿por qué digo que tiene tintes de machismo?



“Aquí es donde las niñas van en principio a aparecer como privilegiadas. […] en cuando a las niña, continúan mimándola, se le permite vivir pegada a la falda de su madre, el padre la toma sobre su rodillas y le acaricia los cabellos; la visten con ropas suaves como besos, son indulgentes con sus lágrimas y sus caprichos, la peinan con esmero, divierten sus gestos y coqueterías; […]” (p. 210)




En un sistema machista, a los hombres se les educa para reprimir sus sentimientos y se es poco afectivo con ellos, pero con las mujeres para un poco lo contrario, se les permite el cariño y caricias de los dos padres, aunque en realidad lo que se les está enseñando es a ser “amorosas”, lindas, buenas, etc. Si partimos que no se nace mujer sino se hace, podemos entender que esta manera tan abrupta de cortar la expresión de los sentimientos a los hombres y dejar que las mujeres los fluyan tiene mucho que ver con un rol que tenemos que cumplir por ser hombre o mujeres. [1]