martes, 3 de diciembre de 2013

La superioridad que le da la madre al pene del niño

Día 365+266
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





¿Será igual criar a un hijo que a una hija? Muchas personas afirman que no, que las niñas son más “cariñosas” y los niños más “rudos”, pero sí partimos de que no nacemos hombre o mujer sino que nos hacemos en el actuar diario, en lo que aprendemos de los demás, de lo que nos dicen que debe ser (y nos prohíben hacer lo que no corresponde a nuestro género, como por ejemplo los niños no jugar con muñecas) entonces podemos decir que estos calificativos también son ambiguos, porque bien puede haber niños que son cariñosos, y no por eso dejan de ser varones, y niñas que son rudas, y no son dejan de ser niñas. Seguramente pensarás que hay una diferencia que es innegable: las mujeres tienen vagina y los niños pene. Claro que esta es una diferencia biológica, pero también hay toda una concepción, ideología y trato a los genitales según el género.



“[…] Madres y nodrizas perpetúan la tradición de asimilar el falo a la idea de macho;[…] Anatómicamente, el pene es perfectamente apto para desempeñar ese papel: destacado del cuerpo se presenta como un juguetito natural, una especie de muñeco. […]” (p.211)




Las madres hacen todo un juego alrededor del pene, y esto lo podemos notar desde las palabras mismas que se usan para nombrarlo: pajarito, juanito, fifito, pilincito, etc. Cosa que para el caso de la vagina no se da toda esta serie de calificativos inocentes y juguetones. Y ¿a qué crees que  se deba todo esto? A la ideología machista que vivimos. Cuando se le hace tanto juego al pene es porque se le está dando un lugar privilegiado en el cuerpo varonil, así que no es de extrañarnos que el pene sea el representante de poderío de los machos.


Esta cita me ha mostrado que hay actitudes y palabras que usamos en el descubrimiento del cuerpo de nuestros hijos, que denotan más de nuestra cultura de lo que imaginamos, y de aquí la  importancia que pensar cómo y qué queremos trasmitirles para su mejor desarrollo en una sociedad donde no se excluyan ninguno de los dos sexos, sino donde se tenga un trato de igualdad.[1]