martes, 6 de noviembre de 2012

Fin de Otra vuelta de tuerca


Día 237
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 James, Henry: Otra vuelta de tuerca, Madrid, Unidad Editorial (Millenium, las 100 joyas del milenio), Trad. Domingo Santos, 1999.


Me alegro de haber terminado hoy este gran libro, porque hay lecturas como esta, que me llega a pasar, que las disfruto pero también las padezco mucho. En gran parte es por el propio personaje principal, como lo comenté ayer, porque en el momento en que siento que hay un efecto reflejo es difícil de asimilarlo; y, por otra parte, me alegro de su culminación porque me agradó mucho el curso de los sucesos pero mucho más el final, que obviamente no se los platicaré.


Por último, quiero comentarles algo más que noté en esta lectura, algo que no sólo les pasa a las madres, sino también a las novias –que no sé si más o menos que a los novios- las esposas, amantes, maestras, etc.


 “-Mi querido pequeño Miles, mi querido pequeño Miles, ¡si tú supieras cómo deseo ayudarte! Es sólo eso, no es nada más que eso, y antes moriría que hacerte el menor daño. Mi querido pequeño Miles –no, se lo dije, aunque eso significara ir demasiado lejos-, ¡sólo deseo que me ayudes a salvarte¡[…]”(p.90)


Esto que nos pasa a muchas personas es el deseo, necesidad, terquedad o como se quiera llamar de sentirnos “salvadores” de los demás. Caso común: la chica, o señora, conoce a alguien que le cuenta una historia muy triste, trágica, por la cual es un parrandero, tomador y fumador, y la ella se siente con el deseo de salvarlo. Queremos ser mecías, madres Teresas, o ángeles para cambiar el rumbo torcido del otros, pero por desgracia, en muchos casos, no se llega a percibir que esto es sólo una ilusión.


No podemos, y que bueno, ver con total y absoluta claridad los sentimientos, pensamientos e ideas de los demás; no somos obviamente, dioses, pero creemos o queremos serlo, aunque no nos pidan ayuda o no esté en nuestras manos que realmente cambie. La posibilidad más real es que esto sea sólo un chantaje, una ilusión, la cual es difícil identificar con total claridad.[1]