viernes, 8 de febrero de 2013

¿Idénticos?


Día 332
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Saramago, José: El hombre Duplicado, (Trad. Pilar del Río)
Madrid, Santillana ediciones (Punto de lectura), 2007.



Seguramente también te ha pasado que vas por la calle, en el trasporte por ejemplo, o estando en el trabajo y alguien te dice que te pareces muchísimo a alguien, con una expresión de gran admiración al darse cuenta de que el parecido es tal que si fueran familiares, seguramente esto no hubiera sido así. El eje de esta novela es este: ¿qué pasa cuando alguien se encuentra con otro igual a sí mismo? Que es la pregunta con la que el día de hoy me enfocaré.


“[…] Se sentía tranquilo ahora, sin duda la semejanza era ahora, por decirlo así, asombrosa, pero no pasaba de eso, semejanzas no faltan en el mundo, véanse los gemelos, por ejemplo, lo que sería de admirar es que a habiendo más de seis mil millones de personas en el planeta no se encontrasen al menor dos iguales.[…]” (p.29)


Entre tantas personas que viven en el planeta, no es de extrañarnos que en algún lugar, aunque fuera muy recóndito del planeta, no nos encontráramos a alguien muy parecido a nosotros ¿pero con qué tanta frecuencia puede ser esto? A mi me ha pasado como dos o tres veces en mi vida, en treinta tantos años. Pero ¿cómo puede ser posible esto? Si todos somos parte de una misma especie, misma raza, a lo largo de tantos años de existencia de las generaciones, ¿es una cosa del azar que esto suceda? ¿o será que por alguna extraña razón sí seamos parientes lejanos? Si consideramos que nuestros rasgos son parte de una herencia genética, entonces compartimos más de lo que pensamos con nuestro gemelo social.  [1]










[1] La imagen fue tomada de http://www.crecerfeliz.es/Ninos/Educacion/Como-educar-a-los-gemelos-en-los-primeros-anos