martes, 12 de febrero de 2013

Profesores de ¿vocación?


Día 336
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Saramago, José: El hombre Duplicado, (Trad. Pilar del Río)
Madrid, Santillana ediciones (Punto de lectura), 2007.



¿Qué es lo que un profesor, del año escolar que sea o de la materia que sea, pretende cuando le enseña a sus alumnos? ¿Es posible que todo el grupo capte lo que él desea? La enseñanza es una de las tareas, que por lo menos en México, no es de las mejores pagado (aunque tampoco de los peores); muchos docentes se basan en esto para quejarse y protestar todo el tiempo por sus condiciones de trabajo, pero tendríamos que preguntarles, y evaluar, si se consideran maestros dedicados, con esmero, a su “vocación”.

“[…] los profesores necesitan ir bien alimentados a la escuela para poder arrostrar el durísimo trabajo de plantar árboles o simples arbustos de sabiduría en terrenos que, en la mayor parte de los casos, tiran más para lo estéril que para lo fecundo. […]” (p. 42)


Si esto de que mal de la mitad del alumnado está destinado al “fracaso”, y sólo es una mínima parte los que logra entender, aprender y aplicar lo enseñado, ¿Qué tanto afecta a la motivación del profesor para continuar enseñando?


Creo que cuando un profesor tiene amor por su trabajo, no le importa si de un salón de cincuenta niños, sólo uno o dos, sobresalen. Ahora que si es un maestro sin ética profesional, entonces no importa si sus alumnos aprenden o no, o si tiene buenas condiciones de empleo, porque siempre se estará quejando y buscando problemas.[1]













[1] La imagen fue tomada de http://noticiasdesdetijuana.blogspot.mx/2012/05/al-maestro-con-carino.html