viernes, 17 de enero de 2014

Cuando quiere todo a costa de nada

Día 365+311
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.






Si eres una mujer que ha tenido que trabajar para poder vivir, que las cosas te cuestas tanto para comer como para calzar, tal vez te sea difícil entender la posición de aquellas otras mujeres que nunca han tenido que trabajar para ellos, sino que siempre han dependido de su papá, hermanos o marido para vivir, y que sólo tiene que pedir para que les llegue a sus manos lo solicitado. Esta manera de vivir de muchas mujeres es deseada también por otras que sí tiene que trabajar, porque se nos ha hecho creer que el “lugar” de las mujeres es en el hogar, en la cocina, y ser tratadas como “princesas” por nuestros “reyes”.


“[…] La joven no tiene verdadera voluntad, sino deseos, y salta de una a otro con incoherencia. […] La joven quiere recibirlo todo, porque no hay nada  que dependa de ella.” (p.300)



Pero esto de ser mujer y no trabajar,  de ganar el pan que nos llevamos a la boca, tiene una consecuencia que no es tal clara pero que la anterior cita nos lo presenta, y es que cuando las cosas nos llegan sólo estirando la mano, al no esforzarnos por ello, no le damos en valor que en realmente tiene, y podemos volvernos “caprichosas”. Pensemos en una mujer que no trabaja pero tiene carro, casa, ropa, lujos, etc. Por el hecho de tener todo menos a ella misma, menos lo que desea hacer en realidad, seguramente se sentirá por momentos frustrada y aburrida. Así que es común que estas mujeres salten de estudiar cocina a un idioma, de pintar a cocer, etc. Porque al no haber un motivo nacido de la voluntad sino del deseo es volátil. Ahora entiendo mucho de cómo yo he sido en algunos momentos de mi vida. ¿Te sientes identificada un poco en esto que te comento?[1]























[1] http://es.tendencias.yahoo.com/blogs/caprichos-de-lady-in-red/5-resoluciones-para-el-nuevo-o-233735951-58.html