miércoles, 19 de diciembre de 2012

La relación con los animales


Día 280
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Kundera, Milan: La insoportable levedad del ser, Barcelona,
RBA editores (Trad. Fernando de Valenzuela), 1993.


Cuando nos relacionamos con los demás, no sólo al estar al lado de alguien sino al interactuar, podemos tratar de establecer cómo o qué tan adaptables, sociales, amorosos o despreciables somos. Me imagino mirando el comportamiento de los niños en alguna escuela primaria, a la hora del recreo, (me encantaría recordarme en esa etapa con más claridad de lo que lo hago) porque seguramente podría darme cuenta cómo son al estar en compañía: serios, juguetones, violentos, platicadores, etc.


Pero ver como se relacionan las personas con otras personas es observar una relación de iguales en especie, aunque no siempre socialmente, y como tal podemos tener recursos ante una posible humillación, abuso o insulto. Pero ¿qué pasa con la relación con lo otro, en especial con los animales?


“La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en relación con aquellos que están a su merced fundamentalmente del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.” (p.292)


El convivir con los animales requiere conciencia total, porque al no haber una relación de igualdad, el hombre puede y llega a cometer injusticias, violencia y maltrato contra todo lo que sea diferente a él. Por lo anterior, toda persona que le da un trato y vida digno a un ser que no es de su misma especie, lo hace desde un plano de total libertad y conciencia moral, y no desde el personalismo egoísta, porque con ello demuestra que le es claro que no es una ser superior, sino igual que todo aquel que lo rodea en el planeta Tierra, y que lo único que lo puede dejar de ser bondadoso es su capacidad intelectiva.


Por desgracia muchas personas no hacen buen uso de esta capacidad para lograr tener una relación armonizada con los demás, ya sean personas, animales o cosas, porque al dejarse llevar por el egoísmo no se dan cuenta que en realidad son esclavos.