miércoles, 5 de diciembre de 2012

¿Mi cuerpo?


Día 266
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Kundera, Milan: La insoportable levedad del ser, Barcelona,
RBA editores (Trad. Fernando de Valenzuela), 1993.


Existen una gran cantidad de estudios, a lo largo de los siglos, sobre la dicotomía entre el cuerpo y el alma. Así que en el plano de la teoría podemos tener mucho que estudiar y tratar de tomar una postura respecto a dicho tema. Pero en el plano práctico ¿qué pasa? ¿Podemos darnos cuenta de esto?


“Y si las distintas partes de su cuerpo empezasen a aumentar y disminuir de tamaño hasta que Teresa dejase por completo de parecerse a sí misma, ¿seguiría siendo ella misma, seguiría siendo Teresa?
Claro. Aunque Teresa no se pareciese en nada a Teresa, su alma, dentro, seguiría siendo la misma y lo único que ocurriría es que observaría con asombro lo que le pasaba al cuerpo.” (p.140)


A lo mejor  has sentido esta experiencia, que acabas de leer en la cita, en algún momento de tu vida. Bueno, todos lo hemos vivido con el sólo hecho pasar de ser niños a jóvenes, de jóvenes a adultos y de adultos a ancianos. Yo trato de pensar en mí cuando sólo tenía 10 años y en muchos aspectos, lo que recuerdo, me identifico plenamente conmigo misma, pero en el plano físico no tanto. Soy la misma, pero sí he cambiado por fuera y también por dentro. Lo reconozco, lo noto, pero no siempre se digiere. Imagina a alguien que siendo joven le gustaba como se veía físicamente, y que con el paso de los años las cosas cambien; seguramente al verse al espejo no se gustará ya no siendo joven como antes, ¿crees que se aferraría a la juventud? Definitivamente sí. ¿No se supone que deberíamos “sentir” que nuestro cuerpo y alma están unidas? Yo no siempre lo he sentido así, ¿y tú?[1]








[1] La imagen fue tomada de http://relatosporlain.blogspot.mx/2012/07/el-espejo-y-la-mujer.html