jueves, 27 de diciembre de 2012

Policia, policia


Día 288
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Zapata, Luis: El vampiro de la colonia Roma
(Las aventuras, desventuras y sueños de Adonis García)
,
México, Debolsillo, 2012.


Si pensamos en la cantidad de personas que vivimos en la ciudad (ya no pensemos en todo el planeta) y pudiéramos ver las dificultades que se presentan al tratar de convivir compartiendo espacios, nos sorprenderíamos al darnos cuenta que no es fácil el cómo organizar a una sociedad porque no todos cumplen con las normas de convivencia. Si lo vemos desde una menor escala, en nuestra familia, todos sabemos lo difícil que es tener una vida tranquila, en paz y armonía con todos. Por poner un ejemplo: los hermanos se pelean porque uno no respeta las cosas del otro y al no saber, o querer, poderse de acuerdo al respecto, se cae en la violencia, aún si son niños. Y es aquí en donde tiene que entrar un tercero, como en toda sociedad, un “policía” para poner el orden recordando las reglas de convivencia básica.


“al que le decíamos comandante   lo vi después varias veces y más o menos nos hicimos cuates   por él me enteré de un chorro de cosas que si te las contara harían que nunca en tu vida volvieras a confiar en un policía   que nunca en tu vida volvieras a sentirte tranquilo en las calles   aunque son cosas que ya sabes que ya todo la gente sabe” (p.71)



Pero aquí hay una cuestión ¿estos supuestos policías, como mencioné en el ejemplo anterior que puede ser los padre en la familia, o los directores en las escuelas, tiene claras las reglas de convivencia? O ¿Ellos también los pasan por alto y cometen peores faltas que los supuestos delincuentes?


Yo creo que para que los guardianes del orden funcionen deben tener valores morales bien plantados, como la honestidad, el respeto, la prudencia, etc. Se debe predicar con el ejemplo. Pero si estos no tiene nada de lo anterior se vuelven en un serio peligro porque se les da el “poder” a alguien que no sabe hacer buen uso de el. Pienso que sí existen personas que saben predicar con el ejemplo: padres, directores, policías. Pero la pregunta del millón sería ¿yo también lo sé hacer?[1]





[1] La imagen fue tomada de http://mimosa.pntic.mec.es/jgomez53/matema/promente.htm