martes, 7 de mayo de 2013

Sobre los amantes


Día 365+55
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Steel, Danielle: Secuestro. (Trad. María Antonia Menini) Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1993.


Siempre me he preguntado ¿qué gana un esposo o esposa al tener un amante? ¿Sentir la adrenalina por tener algo que es “ilegal”? ¿Algo así como estar en una montaña rusa, bajando a mil por hora? ¿O cayendo de un paracaídas desde un helicóptero? Tal vez una de las respuestas pudiera ser estas mismas preguntas. Otra es que uno desea sentirse eternamente atractivo, enamorado, alagado por varias personas; o el no querer sentirse limitado, atado, obligado a leyes o normas.


“Aquella noches su marido no se molestó en regresar a casa ni en llamar tan siquiera. […] Marielle se preguntó dónde estarían los amantes en aquellos momentos […] Era curioso lo poco que conocía a su marido. (p. 254)



He escuchado de parejas que mutuamente son infieles, hacen que tiene un matrimonio, pero en realidad sólo juegan a la casita y por fuera tiene cada quién a su respectivo amante. Pero también hay casos donde uno de los esposos lo ignora, está “ciego”, y es engañado.  Debo de aclarar que no me considero una persona que juzgo a la ligera, pero sí que estoy a favor de la verdad. Creo que si este juego de amantes es consciente, aunque no se platique, se vale en la relación; pero cuando se cree que podemos decir sobre la voluntad de los demás, eso me parece desleal y falso. Creo que es más sano el romper con una relación, a jugar con los sentimientos de los demás.



Ahora se me viene a la mente una frase muy usada: “Ojos que no ven, corazón que no siente” Pero ¿qué pasa cuándo se ve? O ¿No será que en esta frase ya se asume la infidelidad? Tema complejo de tratar. ¿Qué opinas?  [1]