miércoles, 19 de junio de 2013

Bancos

Día 365+98
Comentando lo que me despierta la lectura de:
Dostoievski, Fedor: El Jugador. (Traducción del Ruso: José Jaín Entralgo) España, Biblioteca Básica Salvat, 1969.




Muchas somos las personas, en especial que vivimos en las grandes ciudades, aunque no es exclusivo porque en provincia -también en los pequeños poblados-, que mes con mes sufrimos por el cobro exagerado en las conocidas tarjetas de crédito. ¿Quién no ha vivido esto? Y no sólo al gastar, sino también al ahorrar o al solicitar cualquier servicio del mismo. Claro está que estos no tiene por qué ser gratuitos, porque al final es, como lo dije anteriormente, un servicio que se presta, pero no me dejarás mentir de que las comisiones son extremas.



“Estábamos ante una casa donde se hallaban instaladas las oficinas de un banquero. Yo entré a cambiar; la abuela se quedó esperando […]
El descuento que me hacían era tan terrible, que no me decidí a resolver por mi mismo y volví a la abuela en busca de instrucciones.  […]
-¡Bueno, vete! –gritó la abuela- ¡Ojalá revientes con mi dinero¡ Cambia […]” (pp.121-122)



A nosotros nos pasa lo mismo que al anterior personaje, que aunque se  está en una situación económica precaria, por la afición al juego y dejarnos llevar por la emoción del momento, de gastar en algo, que cuando llega el momentos de enfrentarnos a las cuestas bancarias, o en este caso a la gran comisión por el cambio de moneda, optamos por aceptarlo.


Debemos de tener muy en cuenta que todos estos cobros mayores, los podríamos evitar de una forma fácil y clara: no solicitando los servicios de un banco, pero seguramente estarás pensando que en estos tiempo no tenemos otra forma de hacernos de bienes si no es por este medio; sabemos que esto no es verdad, y que lo que realmente necesitamos es aprender a ahorrar. ¿No crees? [1]












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