miércoles, 23 de octubre de 2013

En la eterna espera del príncipe azul

Día 365+225
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





La eterna espera de las mujeres por la llegada del hombre perfecto a sus vidas es algo que se repite a lo largo de generaciones, años y siglos. Nos hacen creer, en la familia, la escuela, el trabajo, la televisión, que esto es lo ideal, que la llave de la felicidad para toda mujer es esa y que se debe conseguir al precio que sean necesario; para ello es importante ser “bellas”, agradables, vírgenes y sumisas, de esta manera llegará el hombre adecuado que querrá dar todo por una y que la tendrá como una princesa, llena de mimos y lujos, como ropa, peinados costosos, casa de ensueño, viajes, etc.


“[…] ¿Cómo no ha de conservar todo su valor el miro de la Cenicienta? Todo estímulo todavía a la joven soltera a esperar del “príncipe azul” fortuna y felicidad antes que a intentar la la difícil e incierta conquista. […]” (p.134)



Así es, muchas mujeres esperamos largo tiempo por ese “príncipe azul” que nos “dará” el lugar que merecemos. ¿Pero necesitamos que alguien más nos dé se lugar?¿Acaso no tendría que ser algo que nosotras mimas nos tendríamos que procurar? ¿Por qué dejar en manos ajenas tan delicadas e importante labor?


El valor que socialmente se nos da a las mujeres, para que valga (que gran tontería) tiene que venir de fuera, de los otros, en especial del otro, del ser amado y nosotras “debemos” dejarnos querer. ¿Y por qué no invertir esta fórmula que tan bien nos han vendido?¿Por qué no pensar que el verdadero y genuino valor es el que nos damos nosotras mismas, desde nuestro interior? Tarea complicada si pensamos que bien nos han enseñado lo contrario ¿no crees?[1]