sábado, 9 de noviembre de 2013

Nacemos y vamos muriendo

Día 365+242
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.



¿Quién no deseara ser eterno, inmortal, o joven eternamente? ¿A quién le cuesta trabajo entender que mueran los niños y los jóvenes? Estas preguntas seguramente alguna vez te han pasado por la mente, como a mí, y no son fáciles de entender porque la “lógica” de la vida, si es que existe realmente, nos marca que nacemos, crecemos, nos reproducimos, envejecemos y morimos. Así que pensar que alguien que es muy joven muera, es algo que nos causa un corto en nuestra mente y sentir porque ¿no se supone que los jóvenes tienen una vida por delante? ¿Acaso no son los viejos los que mueren y lo los jóvenes?


“[…] Desde el día en que nace, el hombre empieza a morir; ésa es la verdad que encarna la Madre.[…]” (p.167)



Pero si pensamos las cosas desde el punto de vista de la anterior cita, podemos comprender que la edad no importa; si cambiamos el enfoque de que ningún joven debe morir por el que algunos mueres, y nos preguntamos ¿por qué mueren? Y entendemos que el motivo puede ser múltiple: accidentes, homicidios o enfermedades, podemos brincar a pensar que en el momento en que nacemos también estamos muriendo, y no es por tener un perspectiva trágica, sino porque así funciona lo natural, lo vivo, lo animado. Porque todo aquello que respira, que es carne, es inmortal.


El tiempo, aunque sean horas de nacido, va en marcha, va marcando el paso por el ciclo de la vida, pero este ciclo puede ser interrumpido por la muerte, porque todos de una u otras forma vamos muriendo. ¿Idea difícil de entender, no crees? ¿Qué opinas al respecto? [1]