jueves, 22 de noviembre de 2012

Impulso vital


Día 253
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Kundera, Milan: La insoportable levedad del ser, Barcelona,
RBA editores (Trad. Fernando de Valenzuela), 1993.


¿Qué es lo que nos impulsa a levantarnos, trabajar, estudiar, divertirnos, vivir? Biológicamente nuestro cuerpo está activo, el corazón late y nuestro cerebro tiene actividad neuronal, con sólo esto podemos estar vivos, aunque tuviéramos algún daño cerebral o no todas las extremidades y que dependiéramos total o parcialmente de los demás; esto no impediría que tuviéramos “eso” que nos da el impulso para vivir y convivir, porque puede haber alguien que biológicamente este al 100% de su capacidad físicas pero psicológicamente no, la depresión impide sentir ánimo por la vida hasta que poco a poco se va muriendo por dentro. Todo esto suena trágico pero es real.


“Una chica que, en lugar de llegar <<más alto>>, tiene que servir cerveza a borrachos y los domingos lavarles la ropa sucia a sus hermanos acumula dentro de sí una reserva de vitalidad que no podrían ni soñar las personas que van a la universidad y bostezan en las bibliotecas. Teresa había leído más que ellos, había aprendido de la vida más que ellos, pero nunca serpa consciente de eso. Lo que diferencia a la persona que ha cursado estudios de un autodidacta no es el nivel de conocimiento, sino cierto grado de vitalidad y confianza en sí mismo.” (p.58)


La cuestión que me surge en seguida: ¿es necesario padecer, sufrir esforzarse y/o vivir lo que se supone no se debería, para tener esta vitalidad y confianza en si mismo? Sé que hablar de universal es peligroso, así que no puedo decir que en todos los casos sea así, sería una falsedad, pero sí he visto casos de infancias y adolescencias difíciles que los han llevado a abrirse paso por la vida de formas extraordinarias, valoran más los esfuerzos, cosas materiales y no se les cierra el mundo por cosas insignificantes  aunque, por desgracia, no siempre se valora debidamente esta gran cualidad (como lo dice en la nota).


Así que todo podría indicar que la diferencia radica entre vivir la vida o estudiarla, el eterno problema entre lo teórico y práctico. ¿Qué es mejor? ¿Experimentar o verlo todo desde los libros? Los extremos son de cuidado, y el punto medio es difícil de obtener. Aún así yo me inclinaría más por buscar un equilibrio y a una edad temprana ayudarle a los niños a obtenerlo, aunque esto implica una madurez de los padres y condiciones apta para ello, que no siempre se tiene.[1]






[1] La imagen fue tomada de http://marcelacinta.blogspot.mx/2011/12/queda-prohibido.html