jueves, 13 de diciembre de 2012

De los bellos momentos


Día 274
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Kundera, Milan: La insoportable levedad del ser, Barcelona,
RBA editores (Trad. Fernando de Valenzuela), 1993.


Dicen que recordar es vivir y la verdad es que así es. ¿Qué sería nuestra corta vida sin bellos recuerdos? Seguramente nos inundaría todo aquello que se vuelve cotidiano, sin chiste ni sentido. Pero muchas veces, gracias a los buenos recuerdos podemos salvar los malos.


“Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conocí a Teresa ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas.” (p.209)


Esto que le llama nuestro autor “memoria poética” es todo aquello, como lo dijo, que nos hace sonreír, ser felices y también añorar. Aunque me pongo a pensar ¿qué pasaría si esta memoria ya no se llenara más? ¿Viviríamos en el eterno recuerdo de lo que fue? Siento que esto es lo que les pasa a muchas personas de la tercera edad, ya sólo viven de sus recuerdos, queda atrapados en el pasado, pero también muchos veces gracias a ellos pueden seguir viviendo, aunque para otros se vuelve su propio martirio.


Recordar es tan bello y necesario como el comer, pero si nuestra mente se empeña en recordar cosas no agradables, es mejor voltear para otros lado para callar al masoquista que no quiere que llenemos nuestra memoria poética.[1]










[1] La imagen fue tomada de http://www.todohumor.com/humor/fondos/bellosrecuerdos