viernes, 12 de abril de 2013

¿Estímulos para estudiar?


Día 365+30
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Piera, Gustavo: La travesía. 18 claves para llegar a buen puerto. Barcelona, Alienta Editorial, 2006.



Recuerdo que cuando fui estudiante de primaria y secundaria, porque ya en el nivel Medio superior era diferente, la actitud de mis padres no era de “si sacas 10 te compro X cosa”. No es que nunca me premiaran por algo, por ejemplo cuando salí de la primaria fui merecedora de una comida para celebrar la misma, pero no era una constante para poder hacer tareas, o pasar exámenes comunes. No me tenían que estar “estimulando” para continuar mis estudios; nunca fui de puros dieces, pero tampoco reprobé ningún año, aunque siempre tenía problemas para leer y memorizar. Sé que alguien estará pensando que no todas las personas somos iguales, y que por el hecho de que yo no presentara carencias escolares, no quiere decir que alguien más no lo necesite.


<<[…] Cuando ofrecemos una recompensa, que podemos hábilmente disfrazar de “estímulo” como a algunos psicólogos les gusta llamarlo para que el concepto de premio parezca algo más moderno y elaborado, le damos al niño la idea de que estudiar es un mal inevitable que hay que sufrir irremediablemente. Que es tedioso, una pérdida de tiempo y que lo único que importa es la calificación. Con nuestra actitud terminamos dándoles a nuestros hijos el siguiente mensaje:
“Hijo, como estudiar no vale la pena, por eso te ofrezco algo a cambio para que hagas el esfuerzo de aprovechar la oportunidad de aprender”. (p.55)>>



Actualmente me interesa saber sobre estos temas, porque tengo un hijo pequeño, que aunque aún no asiste a la escuela, muy pronto lo hará, pero seguramente en su actual educación puedo empezar a pensar todo esto de los premios y estímulos. Mi intención no es satanizar a los estímulos, pero sí el abuso de ellos, para todo y en todo momento. Estoy de acuerdo con la autora de este libro, con lo dicho en la anterior cita, sobre el por qué tenemos que empujar, premiar, estimular para que tengan “gusto” por la escuela, porque sí creo que el razonamiento en el hijo es: cada vez que hago algo mal, por ejemplo una calificación, me  dan un premio; o cada vez que saco una buena calificación de dan un regalo, porque entonces el centro de atención es el regalo o estímulo y no el proceso, la utilidad y el gusto por el estudio mismo.  Ahora pienso en un ejemplo de aplicación actual a mi hijo: él no quiere comer y para yo estimularlo a que lo haga, le prometo que cuando acabe le daré una paleta, ¿qué crees que pasará? Imaginemos que llegara un día en que no pueda darle ningún estímulo, ni comprarle una pequeña y simple paleta, ¿qué pasará con los estudios entonces? ¿el hijo lo podrá comprender, o pensará que es mi obligación premiarlo?


Este es un tema digno de tratar, pero no sólo teóricamente sino, lo más importante, prácticamente y pensar entes de aplicar los “estímulos” de forma errónea, porque creo que las consecuencias en poco tiempo serán latentes. ¿No creen? [1]