sábado, 6 de abril de 2013

Límites con cariño y firmeza


Día 365+24
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Piera, Gustavo: La travesía. 18 claves para llegar a buen puerto. Barcelona, Alienta Editorial, 2006.




Esto de tener que educar a un hijo veo que no es tarea fácil, ¿quién dijo que lo sería?, pero en el día con día es cuando uno se enfrenta a los verdaderos retos de poder límites, desde los primero meses de vida. Imagina un momento en donde el hijo se pone de chillón, como solemos decirle, y ya le hiciste todo lo que pensabas que podría solucionar el problema: lo cambiaste, comió, jugaste con él, le diste una vuelta y, hasta para descartar que sea una enfermedad, le llamas al Dr. y todo está bien, parece como si nada lo hiciera estar mejor, ¿qué haces?. Todos los límites, hasta de la persona más paciente, tiene un límite. Así que creo que es normal sentirse cansado y harto del crío.


"En vez de rogar al niño hay que decirle con cariño y firmeza lo que va a hacer. Pero esa firmeza va a depender de que los padres hayan tomado primero la decisión interna que permitirá la implantación de los cambios." (p.41)


La autora de este libro nos recomienda algo sencillo, pero en el fondo requiere que tengamos bien claro qué es lo que queremos y cómo nos sentimos al respecto, porque si no estamos convencidos de lo que estamos haciendo, entonces no va a funcionar. Yo tengo bien claro que no deseo pegarle a mi hijo para educarlo, aunque sí confieso que ante situaciones extremas (como el que intentó por tercera vez abrir las llaves de la estufa)  le he dado una nalgada. ¿Esto te convierte en mal padre? No lo creo, en ese momento lo hice con toda la conciencia de que prefería que tuviera miedo, a que se hiciera un daño mayor. Pero al estar leyendo este libro, me di cuenta que bien podría haberle dicho un No con toda la firmeza para que, seguramente no a la primera, ni a la segunda, tal vez a la tercera, ni lo intentara.


Es complicado decir si realmente va a funcionar unas cosas o la otra, pero como lo dije la otra ocasión, no hay recetas para educarlos. ¿Tú que me puedes aconsejar? ¿Cómo lograste superar estas etapas de tus hijos, o te ha funcionado con sobrinos y primos si es que no tienes retoños, sin usar los golpes de una educación autoritaria?[1]