domingo, 14 de abril de 2013

Receta para hacer un hijo consentido


Día 365+32
Comentando lo que me despierta la lectura de:
 Piera, Gustavo: La travesía. 18 claves para llegar a buen puerto. Barcelona, Alienta Editorial, 2006.



En la vida todo se vale por tener lo deseado, y si lo que queremos es un hijo consentido, solo basta con que seguir los siguientes pasos: comprarle todo lo que el niño desee, aunque no lo necesite, esté repetido, muy costoso o no apto para su edad (pensemos en un niño de primaria que quiere un iPad), y además de que es necesario no corregirlo en nada, ni con nadie (aunque este pateando o rasguñando a alguien) en ninguna situación; recuerde que el niño siempre tiene la razón y absoluta libertad para lo que sea. Con estos dos sencillos ingredientes se obtendrá el niño consentido deseado, garantizado.



“[…] uno pensaría que estos niños que recibe todo […] serán niños contentos, satisfechos, agradecidos. Sin embargo nos encontramos ante la triste realidad de que no es así. […] crecen sin estructura, caprichosos, demandantes e insatisfechos. Tiene un nivel muy bajo de tolerancia y frustración, pues no soportan una negación o que se les contradiga […] son niños muy egoístas  y muy poco simpáticos.”(p.73)



El resultado ¿no era el pensado? Seguramente no. La realidad es que muchos padres actuamos siguiente la receta, pensando que así les damos más amor a nuestros hijos (yo con mi hijo tan pequeño me he cachado haciéndolo) pero tenemos que hacer un gran acto de conciencia para pensar si es realmente lo que deseamos para ellos.



Debemos estar un paso delante de lo que, seguramente, pasará. Pensemos en un escenario en donde el hijo quiere a fuerza algo de la tienda, claro está que es un capricho, al no dárselo el niño hace un berrinche, ¿qué haremos en ese momento? ¿se lo compraremos, con tal de que no haga un tango frente a la gente, que por supuesto nos está mirando con ojos de pistola? ¿o le negamos al niño lo deseado, aunque esto implique corregir, de alguna forma, el violento llanto? Yo escojo la dos, y sería firme al decirle que no (ojo, no digo que se grito, golpee, o que le explique por qué no). Esto es lo que yo creo sería conveniente, pero ¿Funcionará? Espero que sí pero si no, tengo que pensar en un plan B. ¿Qué me sugerirías? [1]