martes, 5 de noviembre de 2013

La exigencia de la belleza en las mujeres

Día 365+238
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.




Recuerdo que estando aún en la preparatoria (sino es que desde la secundaria) me preguntaba mucho de por qué las mujeres tenemos que maquillarnos, vestirnos de cierta manera y ser de esta otra ¿para qué? ¿para quién? Y con el paso de los años fui entendiendo que todo este ritual es más para el hombre que para la mujer misma, o por lo menos es lo que he escuchado decir a varias mujeres que dicen que te tienes que “arreglar” para que te vea “bonita” el galán, porque imagínate que cuando él llega a su casa se encuentra a una mujer en chanclas, con los cabellos todos enredados y de pans; no me dejarás mentir que esto es lo que se dice.



“Quiere aún más: que la bien amada sea bella. El ideal de la belleza femenina es variable; pero ciertas exigencias permanecen constantes […]” (p.159)



Pero ¿por qué las mujeres tenemos que esforzarnos tanto para agradar al otro sexo? ¿por qué nosotras tenemos que ponernos una máscara, artificial con aquello del maquillaje, y ellos no? Como bien dice la anterior cita, esto apela a una exigencia, y esa exigencia es social. Ninguna niña al nacer trae un instructivo que indique: maquillarse a partir de tal edad. Esto es un canon que de sociedad en sociedad cambia. Seguramente has visto alguna vez algún documental donde muestran las exigencias estéticas de las mujeres de algunas zonas de África, donde ella tiene que alargar su cuello por medio de aros, para nosotras eso no es estético. Así que lo que se ha establecido como un canon de belleza, no lo es para todas las mujeres de todo el mundo, y partiendo desde ahí nosotras, las mexicanas, también podemos pensar si queremos ser un objeto de adorno para los hombres, o un reflejo de que pensamos y sentimos; en pocas palabras, si deseamos continuar siendo artífices de los hombres o no.[1]