lunes, 4 de noviembre de 2013

Palabras de machista: Eres mía, tu virginidad de pertenece

Día 365+237
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.






¿Será que en este siglo XXI que una mujer sea virgen es menos importante para los hombres? ¿O es que nuestra cultura mexicana aún sigue estando empapada de machismo? ¿Qué se dice entre los jóvenes de secundaria y preparatoria sobre esto? Yo creo que los grandes cambios se dan no en un día o dos, ni en un año o tres, en ocasiones son generaciones enteras que tienen que trascurrir para que haya un cambio significativo en las ideologías porque los que fuimos jóvenes hace poco, como yo, ahora estamos educando a los más jóvenes, y dicha educación puede ser en contra de lo que, con conciencia, vivimos y nos pareció poco certero, o con absoluta y cegadora repetición de todo lo aprendido también por nuestros padres. Así que partiendo de esto puedo considerar que aún hay mucho machismo al respecto.



“[…] la virginidad de la mujer se exige de una manera más inmediata cuando el hombre considera a la esposa como su propiedad personal. […] la idea de posesión es siempre imposible  de realizar positivamente; en verdad, nunca se tiene nada ni a nadie; por tanto, uno intenta cumplirlo de un modo negativo; la manera más segura de afirmar que un bien es mío, consiste en impedirle a otro que lo use. […] nada parece al hombre más deseable que aquello que jamás ha pertenecido a ningún ser humano […](p.156)



El machista cree que todo le pertenece, que es todo poderoso y por ese hecho la mujer también es de su posesión, como si fuera un objeto y no un sujeto. He aquí el centro mismo de esta ideología que cree poder dominar todo, y como bien no lo dice nuestra autora, lo hace por medio de una forma negativa, como diríamos los mexicanos “agandallándose” de la chica (o chicas) que les gusta antes que los demás hombres, porque existe una lucha de machista contra machista, en ese círculo un machista no puede permitir que la mujer de él, que es de su propiedad, que la vio primero, pertenezca a alguien más; así que no importando de qué manera tienen que atrapar a su presa aún por medio de engaños, violencia, chantaje, etc. Y esto no quiere decir que atesore a sus mujeres, y menos en nuestra cultura que es “monogámica” sino que una vez que la posee en muchas ocasiones la abandona, pierde su encanto.


Así que mientras tanto niñas, jóvenes y adultas no entendamos esta forma de actuar y pensar del machista, y sigamos repitiendo el patrón en nuestros hijos y relaciones, seguiremos siendo presas del mismo.[1]