miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Cómo debe orinar mi hijo que es bien macho?

Día 365+267
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





Tanto niñas como niños cuando nacemos lo hacemos igual; en los primero meses de vida no importa la posición en que se encuentre el menos, porque al no tener control sobre sus órganos genitales, no puede más que soltar la secreción. Pero a partir aproximadamente del año y medio, que es cuando a varios niños se les empieza a enseñar a ir al baño, la cosa es diferente, ¿tendría que ser diferente? ¿Por qué causa este tema tanta polémica? ¿Qué se les tiene que enseñar?


“[…] Un padre me contaba que uno de sus hijos, a la edad de tres años, todavía orinaba sentado;[…] un día su padre lo llevó consigo al cuarto de aseo u le dijo: <<Voy a enseñarte cómo lo hacen los hombres>>. A partir de entonces, el niño, orgulloso por orinar de pie, despreció a las niñas […] su desdén provenía originalmente, no del hecho de que a ellas les faltase un órgano, sino porque no habían sido distinguidas e iniciadas por el padre.” (p.211)


Seguramente, como a mi llegó a pasar, muchas madres sienten culpa, o miedo, al sentar a sus hijos en la taza de baño, como lo hacen ellas, para que orinen porque se cree que con esto se feminizan. Como bien dice la cita, la cuestión de cómo “deben” orinar los niños tiene que ver más con una identificación con el padre, y si es un padre machista  no sólo con la identificación, sino con la aprobación y dedicación de ese padre que es muy ausente y estricto.


Yo estoy en este momento viviendo esta etapa con mi hijo, y con toda la tranquilidad de saber que esto de que orine parado apela más a una exigencia de rol, le enseño tanto sentado como parado, sin preocuparme por el qué dirán.[1]