martes, 10 de diciembre de 2013

Yo jugaba a ser… y lo que ahora hago es…

Día 365+273
Comentando lo que me despierta la lectura de:
De Beauvoir, Simone: El Segundo Sexo. México,
Random House Mondadori (Debolsillo), 2013.





¿Cuántos de nosotros cuando éramos niños jugábamos a ser doctor, secretaria, bombero, ama de casa, barrendero, ratero, etc.? Todos tenemos un imaginario de lo que éramos  cuando niños, ya fuera solos o acompañados lo llevábamos a un plano del juego y la imaginación, y muchos tomaron ese modelo cuando crecieron y tuvieron que decidir qué ser y hacer en la vida, pero en otros no fue así, ¿por qué?



“[…] El niño se mueve en el plano del juego y del sueño: juega a ser, juega a hacer; el hacer y el ser no se distinguen netamente cuando sólo se trata de realizaciones imaginarias. […]” (p.222)



Así que cuando somos niños no distinguimos, en el juego mismo, el ser y el hacer; algunas personas cuando son adultos llevan a la realidad sus juegos de niños, pero otros no lo son porque en el momento del hacer de lo imaginado se dieron cuenta que no era como lo pensaban. Por ejemplo: un nin@ jugaba que era doctor, inyectaba a sus muñecos, les daba medicina, los vendaba, etc. Pero al estar estudiando se dan cuenta que no era como  pensaban de pequeños. La imaginación es sólo eso, dar una imagen de algo, pero esa imagen no siempre tiene que  concordar con la realidad. Creo que esto es algo que no sólo los niños experimenta al crecer, también muchas mujeres imaginamos  cosas que nos pasan así, pero este ideal no siempre es inventado, mucho de lo que imaginamos ser y hacer tiene que ver con nuestro entorno, y de ahí que no nos debe extrañar que si una niña ve que su mamá es ama de casa ella imagine serlo, o si en la televisión se pone de moda una muñeca que es veterinaria pase lo mismo, o  si el papá es abogado o ratero el hijo imagine ser lo mismo. El imaginario infantil del ser y del hacer esta nutrido o desnutrido de nuestro entorno.  [1]